Camy
Camelia Miranda
Retumba en el viento
la pregunta sin respuesta.
El asedio de un latido sin fortuna,
de la sangre atenuada,
de un silbido jadeando
una bocanada lastimera.
Y la incógnita esbozada,
se pierde en el cielo
con una lágrima espesa,
un grito mordiendo la vida
aferrada a la nulidad de un acertijo,
cuando el deceso doblega una esperanza.
-Me abruma-
la despedida tan temprana,
el severo y muy injusto sentido;
de apagar el incendio,
de mutilar cada vereda,
y derribar en un acto, tanta batalla.
Aún no entiendo
el color de esta tarde.
La vacuidad impostergable,
en una lluvia de tristeza
que cae sobre la fiel madera,
entonando la impotencia
que se ahoga en un puño.
Y en el necesario minuto silente,
que se eleva,
acallando la brisa,
mientras la tierra cierra un ciclo,
bajo la luz de los recuerdos;
al amparo de cada abrazo,
cada verbo,
cada mirada,
que funde con la hierba,
sólo el adiós de la carne,
la palidez de los labios
y entre las manos tranquilas,
las flores…
que finalmente se esparcen.