Sigfrid
Poeta recién llegado
Flamenco
Suena una guitarra flamenca,
me alegra el corazón;
siento como se van las penas,
con el grito del cantaor.
Palmas marcan el ritmo,
al unísono con el zapateado;
resuena el sabor latino,
que el gitano ha engendrado.
Tras el chasquido de castañuelas;
la sangre vibra más;
las mujeres degastan las suelas,
las guitarras no quieren callar.
Danzan cadenciosos los dedos,
entretejiendo muchas historias;
acarician de la guitarra el cuerpo,
la pasión en la voces es notoria.
Todos son felices,
todos quieren más;
este flamenco bendice,
no pare nunca jamás.
Suena una guitarra flamenca,
me alegra el corazón;
siento como se van las penas,
con el grito del cantaor.
Palmas marcan el ritmo,
al unísono con el zapateado;
resuena el sabor latino,
que el gitano ha engendrado.
Tras el chasquido de castañuelas;
la sangre vibra más;
las mujeres degastan las suelas,
las guitarras no quieren callar.
Danzan cadenciosos los dedos,
entretejiendo muchas historias;
acarician de la guitarra el cuerpo,
la pasión en la voces es notoria.
Todos son felices,
todos quieren más;
este flamenco bendice,
no pare nunca jamás.