Alexander chinasky
Poeta recién llegado
Es una danza de extremos,
de rituales, ya inútiles
sobre un folklore, casi extinto
que rodea, centimetro a centimetro,
con alambre de espino
el perímetro, de un jardín de lirios.
Es un santuario, casí pagano,
donde sacían sus sed los sedientos
de espítiru con la leche,
eterea, consistente y translúcida
que brota de un manantial,
nacido de los senos
de la madre tierra.
O quizás, es un bahul
donde guardas las luces,
donde escondes tu cruz,
como un tabú, que quebrantas
y te permite ver la luz,
del sol
de rituales, ya inútiles
sobre un folklore, casi extinto
que rodea, centimetro a centimetro,
con alambre de espino
el perímetro, de un jardín de lirios.
Es un santuario, casí pagano,
donde sacían sus sed los sedientos
de espítiru con la leche,
eterea, consistente y translúcida
que brota de un manantial,
nacido de los senos
de la madre tierra.
O quizás, es un bahul
donde guardas las luces,
donde escondes tu cruz,
como un tabú, que quebrantas
y te permite ver la luz,
del sol