Quinto Brena
Poeta adicto al portal
Esa era una noche tibia y yo te miraba.
Te llamé por nombres que fueron transparencias.
Nombres como nube, mía, hembra,
uva flor ovípara que te engendró como un ave.
Aquella era como otra noche arrojadiza.
Tú eras selva;
una flor grande y temerosa.
Yo soñaba que te engendraba envuelta en un capullo.
Fuiste flor salvaje de jugos primitivos
para correr en tu exuberancia siempre mineral;
naturalmente buena y caudalosa.
Juntos fuimos un poco de ese pétalo líquido,
una sangre cinética en las venas
en nuestra trayectoria exacta de vibración y jaleo.
Un trayecto en el que mi calma únicamente bullía.
Esa era otra noche incógnita y torrencial.
y yo me ví en los líquidos de tu córnea;
y fuí jaguar tras tu cuerpo,
y perfil a tu silueta,
y serpiente por tu espalda
al sembrarte en la espesura.
Te llamé por nombres que fueron transparencias.
Nombres como nube, mía, hembra,
uva flor ovípara que te engendró como un ave.
Aquella era como otra noche arrojadiza.
Tú eras selva;
una flor grande y temerosa.
Yo soñaba que te engendraba envuelta en un capullo.
Fuiste flor salvaje de jugos primitivos
para correr en tu exuberancia siempre mineral;
naturalmente buena y caudalosa.
Juntos fuimos un poco de ese pétalo líquido,
una sangre cinética en las venas
en nuestra trayectoria exacta de vibración y jaleo.
Un trayecto en el que mi calma únicamente bullía.
Esa era otra noche incógnita y torrencial.
y yo me ví en los líquidos de tu córnea;
y fuí jaguar tras tu cuerpo,
y perfil a tu silueta,
y serpiente por tu espalda
al sembrarte en la espesura.
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