Mateo García Victoria
Poeta recién llegado
Cada centímetro de tu piel está diseñado para ser mi poesía
mi más sincera melodía, la traviata de tus pestañas al chocarse,
arañan tus uñas melancólicas la hiel que sabotea mi travesía.
Siempre me engaña este anhelo que me carcome
siempre me vence el instante y el caos devora al orden,
y no sé cómo decirte sobre este fénix que renace demasiado tarde;
si siempre pensé que eras el último cenit, mi mejor desastre.
Te imagino subiendo aquellos escalones dónde yo morí,
desnuda en la anónima nocturnidad, riéndote dulcemente de mí...
Sueño con escapar de este sinsentido tan inconexo, lejos de ti,
de mí mismo incluso, de estos versos que ni yo mismo comprendo,
sueño porque siento vértigo ante esta inmensidad que me extravía,
ya no te hecho de menos pero este cien se convierte en un cero;
no quedan días amenos sólo un pequeño luto siempre abierto.
Por eso no disfruto tanto cómo antes al escribirte y
cada verso se hace veneno, queroseno que no podrá borrarte al arder,
vete, sal de mi recuerdo sal de esas tardes grises confortables
vete y no me hables más en tus silencios, en tus susurros que gritan,
en tus caricias que desangran, en tu estimable maldición,
en tu luz que oscurece cara poro de mi condenada alma.
Verte bailar encadenada, gritar libertad encarcelado en mi propia jaula,
sólo soy un ser mundano, un gusano que se arrastra en el fango de tu jardín,
un gemido silencioso que piensa en ti cada vez que me corro, un chillido mudo,
un auxulio que ahoga el desahogo en un suspiro que termina por asfixiarme.
Poesía flor que adorna estas florituras, poesía está escrito en mi tumba,
sólo fui un iluso, un recluso de la conciencia, un soberbio ebrio de ti,
creyéndome qué eras mía cuándo tú eras quién me tenía, marioneta de tus deseos,
chispa que explotaba desde tu abstinencia, te amo tanto cómo te compongo,
esclavizado de este pequeño paraíso en medio del infierno, drogadicto de ti;
noble maestre en el arte de consumirte mientras me consumo...
Y sólo queda tormenta tras el tormento...
Y sólo queda soledad...
Y sólo queda desear volverte a encontrar...
Cuándo de la nada creo poesía...
Te amo tanto como te compongo, marioneta de tus deseos, ebrio de ti, soberbio.
Escrito en mi tumba, un suspiro que termina por asfixiarme,
verte bailar encadenada, desnuda, subiendo las escaleras que yo no pude subir,
cada verso se hace veneno en la anónima nocturnidad,
sueño con escapar lejos de ti de estos versos que ni yo mismo comprendo...
Y sólo queda desear volverte a encontrar, cuándo de la nada creo poesía.
mi más sincera melodía, la traviata de tus pestañas al chocarse,
arañan tus uñas melancólicas la hiel que sabotea mi travesía.
Siempre me engaña este anhelo que me carcome
siempre me vence el instante y el caos devora al orden,
y no sé cómo decirte sobre este fénix que renace demasiado tarde;
si siempre pensé que eras el último cenit, mi mejor desastre.
Te imagino subiendo aquellos escalones dónde yo morí,
desnuda en la anónima nocturnidad, riéndote dulcemente de mí...
Sueño con escapar de este sinsentido tan inconexo, lejos de ti,
de mí mismo incluso, de estos versos que ni yo mismo comprendo,
sueño porque siento vértigo ante esta inmensidad que me extravía,
ya no te hecho de menos pero este cien se convierte en un cero;
no quedan días amenos sólo un pequeño luto siempre abierto.
Por eso no disfruto tanto cómo antes al escribirte y
cada verso se hace veneno, queroseno que no podrá borrarte al arder,
vete, sal de mi recuerdo sal de esas tardes grises confortables
vete y no me hables más en tus silencios, en tus susurros que gritan,
en tus caricias que desangran, en tu estimable maldición,
en tu luz que oscurece cara poro de mi condenada alma.
Verte bailar encadenada, gritar libertad encarcelado en mi propia jaula,
sólo soy un ser mundano, un gusano que se arrastra en el fango de tu jardín,
un gemido silencioso que piensa en ti cada vez que me corro, un chillido mudo,
un auxulio que ahoga el desahogo en un suspiro que termina por asfixiarme.
Poesía flor que adorna estas florituras, poesía está escrito en mi tumba,
sólo fui un iluso, un recluso de la conciencia, un soberbio ebrio de ti,
creyéndome qué eras mía cuándo tú eras quién me tenía, marioneta de tus deseos,
chispa que explotaba desde tu abstinencia, te amo tanto cómo te compongo,
esclavizado de este pequeño paraíso en medio del infierno, drogadicto de ti;
noble maestre en el arte de consumirte mientras me consumo...
Y sólo queda tormenta tras el tormento...
Y sólo queda soledad...
Y sólo queda desear volverte a encontrar...
Cuándo de la nada creo poesía...
Te amo tanto como te compongo, marioneta de tus deseos, ebrio de ti, soberbio.
Escrito en mi tumba, un suspiro que termina por asfixiarme,
verte bailar encadenada, desnuda, subiendo las escaleras que yo no pude subir,
cada verso se hace veneno en la anónima nocturnidad,
sueño con escapar lejos de ti de estos versos que ni yo mismo comprendo...
Y sólo queda desear volverte a encontrar, cuándo de la nada creo poesía.