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Allí, en la espesura de las ventanas
las cortinas ciegan la luz del día,
miradas frías en calles vacías,
solo cabe la soledad y el pasado
en los pliegues de una fotografía,
el amor con sus livianas excusas
y entre sus callados suspiros vivo
con la tierna inocencia de un niño.
Allí, entre las cerradas ventanas
el sol ambiguo busca su reflejo,
el aire plúmbeo un resquicio
por donde llenar a mis pulmones
con el sabor aséptico de la ciudad,
oigo la melodía de la gente en la calle
que con sus prisas se despide en voz alta
y vuelve a tomar su vida singular,
el latido cansado de su corazón
en el cual la flor marchita del amor
sigue pacientemente esperando al sol.
Allí, bajo las ventanas veladas,
el hambre lleva su propia partitura,
pantalones desgastados y roídos,
pelo enredado y barba de varios días,
unas voces que gritan por su vida
a la hora del almuerzo en el bar,
allí donde todos y cada uno caben,
donde se muere poco a poco
y el amor es un fruto prohibido
el cual ya nadie recuerda su sabor.
Allí, cuando te asalta el recuerdo
y lo haces desaparecer despacio
con cada sorbo de tu corazón,
como tras la cortina de la ventana
con la tierna inocencia de un niño
sigo pacientemente esperando al sol.
Allí, en la espesura de las ventanas
las cortinas ciegan la luz del día,
miradas frías en calles vacías,
solo cabe la soledad y el pasado
en los pliegues de una fotografía,
el amor con sus livianas excusas
y entre sus callados suspiros vivo
con la tierna inocencia de un niño.
Allí, entre las cerradas ventanas
el sol ambiguo busca su reflejo,
el aire plúmbeo un resquicio
por donde llenar a mis pulmones
con el sabor aséptico de la ciudad,
oigo la melodía de la gente en la calle
que con sus prisas se despide en voz alta
y vuelve a tomar su vida singular,
el latido cansado de su corazón
en el cual la flor marchita del amor
sigue pacientemente esperando al sol.
Allí, bajo las ventanas veladas,
el hambre lleva su propia partitura,
pantalones desgastados y roídos,
pelo enredado y barba de varios días,
unas voces que gritan por su vida
a la hora del almuerzo en el bar,
allí donde todos y cada uno caben,
donde se muere poco a poco
y el amor es un fruto prohibido
el cual ya nadie recuerda su sabor.
Allí, cuando te asalta el recuerdo
y lo haces desaparecer despacio
con cada sorbo de tu corazón,
como tras la cortina de la ventana
con la tierna inocencia de un niño
sigo pacientemente esperando al sol.
Allí, en la espesura de las ventanas
las cortinas ciegan la luz del día,
miradas frías en calles vacías,
solo cabe la soledad y el pasado
en los pliegues de una fotografía,
el amor con sus livianas excusas
y entre sus callados suspiros vivo
con la tierna inocencia de un niño.
Allí, entre las cerradas ventanas
el sol ambiguo busca su reflejo,
el aire plúmbeo un resquicio
por donde llenar a mis pulmones
con el sabor aséptico de la ciudad,
oigo la melodía de la gente en la calle
que con sus prisas se despide en voz alta
y vuelve a tomar su vida singular,
el latido cansado de su corazón
en el cual la flor marchita del amor
sigue pacientemente esperando al sol.
Allí, bajo las ventanas veladas,
el hambre lleva su propia partitura,
pantalones desgastados y roídos,
pelo enredado y barba de varios días,
unas voces que gritan por su vida
a la hora del almuerzo en el bar,
allí donde todos y cada uno caben,
donde se muere poco a poco
y el amor es un fruto prohibido
el cual ya nadie recuerda su sabor.
Allí, cuando te asalta el recuerdo
y lo haces desaparecer despacio
con cada sorbo de tu corazón,
como tras la cortina de la ventana
con la tierna inocencia de un niño
sigo pacientemente esperando al sol.
Allí, en la espesura de las ventanas
las cortinas ciegan la luz del día,
miradas frías en calles vacías,
solo cabe la soledad y el pasado
en los pliegues de una fotografía,
el amor con sus livianas excusas
y entre sus callados suspiros vivo
con la tierna inocencia de un niño.
Allí, entre las cerradas ventanas
el sol ambiguo busca su reflejo,
el aire plúmbeo un resquicio
por donde llenar a mis pulmones
con el sabor aséptico de la ciudad,
oigo la melodía de la gente en la calle
que con sus prisas se despide en voz alta
y vuelve a tomar su vida singular,
el latido cansado de su corazón
en el cual la flor marchita del amor
sigue pacientemente esperando al sol.
Allí, bajo las ventanas veladas,
el hambre lleva su propia partitura,
pantalones desgastados y roídos,
pelo enredado y barba de varios días,
unas voces que gritan por su vida
a la hora del almuerzo en el bar,
allí donde todos y cada uno caben,
donde se muere poco a poco
y el amor es un fruto prohibido
el cual ya nadie recuerda su sabor.
Allí, cuando te asalta el recuerdo
y lo haces desaparecer despacio
con cada sorbo de tu corazón,
como tras la cortina de la ventana
con la tierna inocencia de un niño
sigo pacientemente esperando al sol.
En verdad son trozos arrancados al día día del mundo que nos rodea. A esa distancia que nos aleja tras las ventanas e intentamos esconder del mundo, con la esperanza entre las cortinas.
Muchísimas gracias por tus palabras poeta.
Un abrazo muy grande.
Allí, en la espesura de las ventanas
las cortinas ciegan la luz del día,
miradas frías en calles vacías,
solo cabe la soledad y el pasado
en los pliegues de una fotografía,
el amor con sus livianas excusas
y entre sus callados suspiros vivo
con la tierna inocencia de un niño.
Allí, entre las cerradas ventanas
el sol ambiguo busca su reflejo,
el aire plúmbeo un resquicio
por donde llenar a mis pulmones
con el sabor aséptico de la ciudad,
oigo la melodía de la gente en la calle
que con sus prisas se despide en voz alta
y vuelve a tomar su vida singular,
el latido cansado de su corazón
en el cual la flor marchita del amor
sigue pacientemente esperando al sol.
Allí, bajo las ventanas veladas,
el hambre lleva su propia partitura,
pantalones desgastados y roídos,
pelo enredado y barba de varios días,
unas voces que gritan por su vida
a la hora del almuerzo en el bar,
allí donde todos y cada uno caben,
donde se muere poco a poco
y el amor es un fruto prohibido
el cual ya nadie recuerda su sabor.
Allí, cuando te asalta el recuerdo
y lo haces desaparecer despacio
con cada sorbo de tu corazón,
como tras la cortina de la ventana
con la tierna inocencia de un niño
sigo pacientemente esperando al sol.
Precioso poema Teo. Ya la entrada es sensacional, pero en cada uno de tus versos nos sigues deleitando con preciosas imágenes. Un abrazo con la pluma del alma
Precioso poema Teo. Ya la entrada es sensacional, pero en cada uno de tus versos nos sigues deleitando con preciosas imágenes. Un abrazo con la pluma del alma