Lucio_
Poeta recién llegado
¡Que aquí estoy, vida mía!
Que aquí estoy muriendo
con las manos enredadas
en la serpiente del fracaso
que tilda de amarillo las íes.
Estrecha su arenoso cascabel
la voz de la derrota
en bodegones ventanados
y círculos de aristas.
¡Es mía, es mía!
¡Es mía esa gris avispa
que en la garganta
zarandea la zarda de mi tragedia!
A llorar voy siempre,
y con el cuello me curvo
perdido de alfombras,
de existencia o círculos,
allí donde sueñan
betún y carcajada
entre el latiente lamento
que ampara a las cañas.
Vida, sí, o amante descarnada,
¡que estoy deshilvanando mi llanto!
¡Que mis trinos son filos
y cuellos rapaces
donde palabras desagarran,
sutiles y desconsoladas,
ingenuas auroras sin marea!
Que aquí estoy muriendo
con las manos enredadas
en la serpiente del fracaso
que tilda de amarillo las íes.
Estrecha su arenoso cascabel
la voz de la derrota
en bodegones ventanados
y círculos de aristas.
¡Es mía, es mía!
¡Es mía esa gris avispa
que en la garganta
zarandea la zarda de mi tragedia!
A llorar voy siempre,
y con el cuello me curvo
perdido de alfombras,
de existencia o círculos,
allí donde sueñan
betún y carcajada
entre el latiente lamento
que ampara a las cañas.
Vida, sí, o amante descarnada,
¡que estoy deshilvanando mi llanto!
¡Que mis trinos son filos
y cuellos rapaces
donde palabras desagarran,
sutiles y desconsoladas,
ingenuas auroras sin marea!