Eratalia
Con rimas y a lo loco
Necesito una simple triquiñuela, un subterfugio, algo que me haga salir airosa del atolladero en el que me encuentro: Hace días que soy incapaz de escribir nada. Y quiero hacerlo.
En mi cabeza hay mil palabras esturreadas surgiendo aquí y allá, que se empujan y desplazan las unas a las otras, pero ni una sola idea creativa; las frases se suceden huecas cuando intento darles forma, unión, sentimiento y coherencia, y acaban deshaciéndose como helados de vainilla bajo el sol de agosto.
Quizás sea eso, el sol del verano me hace languidecer. Al igual que en invierno soy una ardilla veloz y eficiente, en verano me metamorfoseo en lagarto, indolente y perezoso, apabullado bajo el tórrido calor.
No tengo ganas de desfacer entuertos ni correr aventuras, ni tan siquiera en mi imaginación.
Soy como un bordonero que, exhausto del camino, s0lo desea sentarse en la orilla de su vida, echar un trago de su vieja y abollada cantimplora, ser feliz no ansiando nada que no posea y disfrutando de cada bocanada de aire que entra a sus maltrechos pulmones y que le hace constatar que sigue vivo.
¿Por qué es fácil hablar de lo que uno siente, cuando uno siente que no hay nada de que hablar?
¿Que esto no es una historia, me decís? Sí, sí que lo es. Es la historia del fracaso de mis sueños de escritora.
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