Jesús Cáñez
Poeta que considera el portal su segunda casa
Frente a la muerte en amplia y franca lid
que en sueños tumultuosos me codicia
tratando de lazarme en un ardid
queriéndome en sus brazos dar caricia,
me niego pronto y grito a pleno monte
Calvario que me guarde la justicia
del viaje por las aguas de Caronte.
Decido retirarme desde lejos
en el Pegaso de Belerofonte
paseando por el mundo en los espejos
mortales alejados del tormento
del crimen pero ciegan los reflejos
que llegan cuando clama el sufrimiento
de aquellos hombres más muertos que vivos.
-me envuelve la Catrina el pensamiento:-
¿Qué va de los semblantes expresivos
que nunca dejan ganas a la vida?
¿En dónde quedarán esos pasivos?
¿Qué moribundo tiene fe perdida?
¿Por qué motivo caer en tus garras?
¡Maldita muerte endeble y desvalida!
Ya no tendré miedo de las amarras
ya preparadas a mi catacumba
pues moriré tal como las cigarras,
y, si es que la fiesta se derrumba
también tú llorarás a mi ataúd
con la elegía dicha hacia mi tumba.
¡Veremos, muerte, cuál es tu actitud
en cuanto tú me tengas frente a frente
sangrando tu violín y mi laúd!
Verás, querida, todo diferente
y gritarás por tu propio rosario,
mi dama de materia inconsistente:
Querrás tener servicio funerario
y como no tendrás donde esconderte
le pedirás a Cristo su sudario
que a vuestro parecer podrá envolverte.
¡Ah, pero me querías a tu lado
Aquí me tienes para entretenerte!
¿No qué ya estaba todo destinado?
¿Qué ya se terminaban ilusiones?
¡Qué pensamiento tan desatinado!
¡Ay, niña linda, no te decepciones!
Y, anda, ve a jugar con Barrabás
a ver si tienes nuevas emociones,
o corre a platicar con Satanás;
el viejo rabo verde del infierno,
yo mientras estaré con los demás
bebiendo con ajenjo en mí gobierno.
que en sueños tumultuosos me codicia
tratando de lazarme en un ardid
queriéndome en sus brazos dar caricia,
me niego pronto y grito a pleno monte
Calvario que me guarde la justicia
del viaje por las aguas de Caronte.
Decido retirarme desde lejos
en el Pegaso de Belerofonte
paseando por el mundo en los espejos
mortales alejados del tormento
del crimen pero ciegan los reflejos
que llegan cuando clama el sufrimiento
de aquellos hombres más muertos que vivos.
-me envuelve la Catrina el pensamiento:-
¿Qué va de los semblantes expresivos
que nunca dejan ganas a la vida?
¿En dónde quedarán esos pasivos?
¿Qué moribundo tiene fe perdida?
¿Por qué motivo caer en tus garras?
¡Maldita muerte endeble y desvalida!
Ya no tendré miedo de las amarras
ya preparadas a mi catacumba
pues moriré tal como las cigarras,
y, si es que la fiesta se derrumba
también tú llorarás a mi ataúd
con la elegía dicha hacia mi tumba.
¡Veremos, muerte, cuál es tu actitud
en cuanto tú me tengas frente a frente
sangrando tu violín y mi laúd!
Verás, querida, todo diferente
y gritarás por tu propio rosario,
mi dama de materia inconsistente:
Querrás tener servicio funerario
y como no tendrás donde esconderte
le pedirás a Cristo su sudario
que a vuestro parecer podrá envolverte.
¡Ah, pero me querías a tu lado
Aquí me tienes para entretenerte!
¿No qué ya estaba todo destinado?
¿Qué ya se terminaban ilusiones?
¡Qué pensamiento tan desatinado!
¡Ay, niña linda, no te decepciones!
Y, anda, ve a jugar con Barrabás
a ver si tienes nuevas emociones,
o corre a platicar con Satanás;
el viejo rabo verde del infierno,
yo mientras estaré con los demás
bebiendo con ajenjo en mí gobierno.
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