marte5
Poeta fiel al portal
Frente al espejo.
Una muralla vacía.
Dedos con puntas afiladas.
Estrellas a punto de desaparecer.
Frente a la lluvia.
Una caricia al destino.
Escarchas sin frío.
La ductilidad del pensamiento, está repleta de pasos rotos.
La hierba sabe a cenizas.
En la calle, no queda espacio para más agua.
Frente al atardecer.
Pensé llegar antes a la orilla.
Sólo es necesaria la desolación.
La frente está pálida.
Cuando no parece ironía, parece verdad.
Frente al espejo.
En el fondo de la laguna, sólo hay mas agua.
Dedos que sólo alcanzan para cubrir algunos poros.
Tengo la voz enredada.
Pero las palabras no tienen por qué necesitar pensamientos.
El grito es eterno, aunque menos eterno que el silencio.
Frente a la lluvia.
La vejez no tiene años.
Las gotas son esquivas al sol.
Es sol es esquivo a las gotas de lluvia.
Es eterna la esperanza.
Pero no aguardaré tanto tiempo.
Frente al lo que está por llegar.
Estoy esperando hacerlo yo antes.
Quiero tener el devenir domesticado.
Frente al futuro.
Está mas cerca estar mas cerca.
Tiempo marchito.
Cansancio de ver reflejada mi existencia.
Una nube polvorienta.
Un soplo mudo.
Frente al espejo.
La puerta ya esta cerrada.
Por la ventana el desvelado desconcierto.
Abre las persianas buscándome.
Cada uno de los cristales de sol, se apaga.
Bajo la pared, una lágrima.
Las embarcaciones no son ya duda.
La certeza está en la fuga.
No puedo ver ni mi propio reflejo.
La bruma salpica mi conciencia.
Las piedras de las calle son menos duras que la nieve en mi pelo.
Se deshace el instante preciso de la despedida.
Se desnuda la paciencia.
Pero ya no existe vacilación.
La única calavera que yace en el fondo de la fosa, es mi faz.
¿Existir?, más vale el adiós.
Frente a la lluvia.
Caen las imágenes, llenas de pólvora.
Un grito desde la calle a oscuras.
Los temores no tienen piel.
Frente al atardecer.
La penumbra está más iluminada que mi destino.
Para seguir hablando, necesito besar más palabras.
Pero no quiero decir nada más.
La duda en mi voz.
La certeza de este sonido que quebró los recuerdos.
Ya no se si vale pena sonreír.
Aunque el fin tiene dulce sabor.
Los ojos cerrados.
Y un adiós oportuno.
Es el reflejo que queda.
Frente al espejo.
Una muralla vacía.
Dedos con puntas afiladas.
Estrellas a punto de desaparecer.
Frente a la lluvia.
Una caricia al destino.
Escarchas sin frío.
La ductilidad del pensamiento, está repleta de pasos rotos.
La hierba sabe a cenizas.
En la calle, no queda espacio para más agua.
Frente al atardecer.
Pensé llegar antes a la orilla.
Sólo es necesaria la desolación.
La frente está pálida.
Cuando no parece ironía, parece verdad.
Frente al espejo.
En el fondo de la laguna, sólo hay mas agua.
Dedos que sólo alcanzan para cubrir algunos poros.
Tengo la voz enredada.
Pero las palabras no tienen por qué necesitar pensamientos.
El grito es eterno, aunque menos eterno que el silencio.
Frente a la lluvia.
La vejez no tiene años.
Las gotas son esquivas al sol.
Es sol es esquivo a las gotas de lluvia.
Es eterna la esperanza.
Pero no aguardaré tanto tiempo.
Frente al lo que está por llegar.
Estoy esperando hacerlo yo antes.
Quiero tener el devenir domesticado.
Frente al futuro.
Está mas cerca estar mas cerca.
Tiempo marchito.
Cansancio de ver reflejada mi existencia.
Una nube polvorienta.
Un soplo mudo.
Frente al espejo.
La puerta ya esta cerrada.
Por la ventana el desvelado desconcierto.
Abre las persianas buscándome.
Cada uno de los cristales de sol, se apaga.
Bajo la pared, una lágrima.
Las embarcaciones no son ya duda.
La certeza está en la fuga.
No puedo ver ni mi propio reflejo.
La bruma salpica mi conciencia.
Las piedras de las calle son menos duras que la nieve en mi pelo.
Se deshace el instante preciso de la despedida.
Se desnuda la paciencia.
Pero ya no existe vacilación.
La única calavera que yace en el fondo de la fosa, es mi faz.
¿Existir?, más vale el adiós.
Frente a la lluvia.
Caen las imágenes, llenas de pólvora.
Un grito desde la calle a oscuras.
Los temores no tienen piel.
Frente al atardecer.
La penumbra está más iluminada que mi destino.
Para seguir hablando, necesito besar más palabras.
Pero no quiero decir nada más.
La duda en mi voz.
La certeza de este sonido que quebró los recuerdos.
Ya no se si vale pena sonreír.
Aunque el fin tiene dulce sabor.
Los ojos cerrados.
Y un adiós oportuno.
Es el reflejo que queda.
Frente al espejo.
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