carlos lopez dzur
Poeta que considera el portal su segunda casa
«¿Y qué mayor temor hoy en día
que el temor a pensar?»: Martin Heidegger
Y ví a la mujer, ¡ay! demonios, ¡qué enigma su hermosura!
… que hasta olvidé que mi vida está bajo las raíces
del Arbol del Terror. Ví a la que dijo:
«¡No temas! ¡Que soy la protectora!»
Y hablaba desde un cuervo, porque yo era una perdiz
y podía ser un hombre, el hombre que se tragara vivo.
Y, ¿por qué bailas delante de mí y con un hacha me amenazas?
«No, yo danzo en el fondo de mí misma y hablo
el lenguaje de los pájaros; ¿te das cuenta
que puedo ser la perdiz y el buitre y el cuervo?»
«Yo conozco el secreto de la Muerte
y sé de tu batalla, pequeña perdiz, y quiero que me veas,
vestida con un collar tan sólo, y te dejes llevar,
sin miedo, por la senda del Velo de la Muerte.
¡Desnúdame tú!»
Y ví a la mujer, ¡ay demonios! y mis ojos se fueron
a sus senos, a su espléndida belleza de mujer,
a su vulva, a su musgo suave, a su tálamo…
y no ví el hacha ni que mi alma salió de la perdiz
y como un aura de luz formó un gigante
y siete cabezas tenía, porque el alma es Legión.
Sólo me interesó poseerla, porque ¡ay, ramera!
diosa hiperbórea, tú si encantas, tú si asesinas
deliciosamente y tus brazos me acogen
como serpientes, te enroscas ricamente
a mis muslos, a mi garganta, me asfixias
con besos que no tienen iguales, me danzas
desde un afuera de M(s)í Mismo que desconocí
hasta hoy; ¿qué importa lo que hagas el hacha?
Es en la muerte que me arrancas el lonco.
Es en la muerte que te veo, tal cual eres,
Liberadora, asesina y prostituta.
¡Pero qué feliz me hicíste, Freya!
Que desencadenaste mi espíritu y de mi alma
ha quedado una sombra leve, cráneos heridos
que sangran sobre tus senos; me ensartaste
en tu collar después de nuestro orgasmo tan intenso.
2.
Boson de espín con masa en reposo
igual a cero, son los ángeles de tu presencia.
Siempre atractivos son tus gravitones.
En su interacción, las separaciones se mueren.
La distancia no existe; me colocaste
con ilimitadas estrellas para que sean mi corona.
En tienieblas de Tu Origen, donde se ignora la luz
o está cautiva, me hicíste cuantizada.
Ahora cualquier manifestación de tu energía
me acompaña. Tú me llamaste Fortaleza
... sólo porque eres más sutil que todo lo que existe,
la interacción más débil, nunca repeles.
Desde lo más desconocido, lanzas tus cuerdas.
Atas, atraes, bendices, me besas.
De «Teth, mi serpiente»
http://espanol.geocities.com/baudelaire1998/teth1.html