Se siente el frio en los pianos… así mismo el mutismo de la duela hace que el escenario tenga una estampa tristona. ¿Cómo reclamarle al día?
El olvido queda patente en cada silencio que mortalmente se asienta en los dinteles, logrando ahuyentar los restos de la cruda. Las bailaoras y los comensales están distraídos, sumergidos en sus propios dilemas y cuestiones.
Pese a que la temperatura se dispara por el calor del puerto y los tragos se suceden con la rapidez del alcohólico, nadie toca la guitarra, nadie golpetea en el los marfiles… todo está condenado ante la ausencia de la primera bailaora.
¿Regresará la señora?... o seguiremos a la espera de nuevas horas.
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