Incapaz de curarse
siento lástima del águila domesticada
con las alas recortadas mira aún al cielo
pero no puede ir más allá de la mano que le atrae
y que le ofrecer amor
a cambio de su propia libertad;
alguna vez sentí el viento por mi cara
entraba el sol a través de mi ventana,
se ventilaba paz
tomaba impulso y volaba
hasta tocar el cielo,
llegué a la ciudadela
donde vivían los ángeles vírgenes
y me enamoré
de la de plumas negras y blancas
marginada como yo lo era
oculta a los ojos de Dios
desafiando a la misma creación
una orquídea que se ocultaba del sol
un parásito que desafiaba las leyes de la perfección
exhibiendo su belleza a los demás
ocultando el dolor de saber
que no se puede vivir
si no hay otra razón
que arrebatarle a los otros
la vida.
El olor de mi piel incinerada
el golpeo de mi alma queriendo escapar del sufrimiento autoinfligido
sólo para sentirme vivo
y ahogar la voz en mi cabeza
que me dice que no soy fuerte,
ni hermoso,
como tú lo eres;
intento reescribir mi historia
ganar esta batalla contra mí mismo
que no da tregua para descansar;
al frente del espejo
se asoma mi fracaso
siento que me buscan
no hay forma de escapar del dolor abrasador
que me empuja hacia el suelo frio
la inercia absorbe toda mi fuerza y me la quita
deja su marca sobre mi piel marchita
los ojos en sequía
mirando un desierto blanco y gris
y más allá
el cielo ennegrecido por el polvo de tus huellas.
Podré seguir? Es la pregunta que me haces
pues nadie entiende la razón de lo que hago
pero es hermoso mirar los ojos de la muerte
esta noche me ha venido a visitar
y es sólo en ese preciso momento
cuando se entiende el verdadero propósito de la vida
y me pregunto qué estas dispuesta a dar
qué quieres arriesgar
eres ignorante de lo que va a pasar
nadie debería hacerse daño voluntariamente
es la lección que debes aprender
a eso has venido;
no mires los heridos que se arrastran
acelera el paso hasta completar la misión
en el horizonte se divisan las banderas de mi ego
donde hay que llegar
sólo pocos sobreviven
adonde voy se encuentra el frío y el silencio
pálidos colores que dibujan el entorno alrededor
la tranquilidad suele ser hostil
cuando el tiempo se detiene
y puedes escuchar latir el corazón
en la gélida tundra de mi cuerpo.
siento lástima del águila domesticada
con las alas recortadas mira aún al cielo
pero no puede ir más allá de la mano que le atrae
y que le ofrecer amor
a cambio de su propia libertad;
alguna vez sentí el viento por mi cara
entraba el sol a través de mi ventana,
se ventilaba paz
tomaba impulso y volaba
hasta tocar el cielo,
llegué a la ciudadela
donde vivían los ángeles vírgenes
y me enamoré
de la de plumas negras y blancas
marginada como yo lo era
oculta a los ojos de Dios
desafiando a la misma creación
una orquídea que se ocultaba del sol
un parásito que desafiaba las leyes de la perfección
exhibiendo su belleza a los demás
ocultando el dolor de saber
que no se puede vivir
si no hay otra razón
que arrebatarle a los otros
la vida.
El olor de mi piel incinerada
el golpeo de mi alma queriendo escapar del sufrimiento autoinfligido
sólo para sentirme vivo
y ahogar la voz en mi cabeza
que me dice que no soy fuerte,
ni hermoso,
como tú lo eres;
intento reescribir mi historia
ganar esta batalla contra mí mismo
que no da tregua para descansar;
al frente del espejo
se asoma mi fracaso
siento que me buscan
no hay forma de escapar del dolor abrasador
que me empuja hacia el suelo frio
la inercia absorbe toda mi fuerza y me la quita
deja su marca sobre mi piel marchita
los ojos en sequía
mirando un desierto blanco y gris
y más allá
el cielo ennegrecido por el polvo de tus huellas.
Podré seguir? Es la pregunta que me haces
pues nadie entiende la razón de lo que hago
pero es hermoso mirar los ojos de la muerte
esta noche me ha venido a visitar
y es sólo en ese preciso momento
cuando se entiende el verdadero propósito de la vida
y me pregunto qué estas dispuesta a dar
qué quieres arriesgar
eres ignorante de lo que va a pasar
nadie debería hacerse daño voluntariamente
es la lección que debes aprender
a eso has venido;
no mires los heridos que se arrastran
acelera el paso hasta completar la misión
en el horizonte se divisan las banderas de mi ego
donde hay que llegar
sólo pocos sobreviven
adonde voy se encuentra el frío y el silencio
pálidos colores que dibujan el entorno alrededor
la tranquilidad suele ser hostil
cuando el tiempo se detiene
y puedes escuchar latir el corazón
en la gélida tundra de mi cuerpo.