Ayax
Poeta que considera el portal su segunda casa
Se arrastran cual penitentes
sobre el atrio de una iglesia,
tras expirar en el viento,
ambarinas frondas secas.
Su descenso mortecino
hasta la calle y acera
las lleva para gemir
al ser del transeúnte huella.
Parece el atardecer
el momento que eligieran
para volar de las ramas
al génesis de la tierra.
Quizás por ser el crepúsculo
la más irisada senda
lo eligen, también, las hojas
para morir con belleza.
Pedazos de alma de fresno,
hermosura que embelesa;
que dan matiz al otoño
y nostalgia a los poetas.
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