necros73
Poeta que considera el portal su segunda casa
Fue un instante...
Fue un instante,
de amor
de muerte.
Un parpadeo involuntario
lapso que basto
para atisbar al otro lado del silencio,
allí donde
ángeles, serafines y nonatos
mueren de tristeza.
Aquí el tiempo
se prolonga
más allá de las horas
los días,
siglos y milenios nos contemplan
en su pausado andar.
Es en este valle de espinas
y cadáveres,
donde habitan los demonios
de la melancolía,
los que cargan con su olvido,
los que reviven toda su existencia,
lo bueno,
lo malo,
el amor,
el desprecio.
Su penar es castigo terrenal,
por no saber amar, ahora
el desamor los ha hecho su esclavo.
Gimiendo,
llorando,
rasgando el aire
los fantasmas
de suspiros y deseos
insatisfechos han vuelto
el aire irrespirable
con sus lamentos.
A lo lejos se levanta el laberinto
construido por el extraño.
Aquel que se yergue en la marisma,
entre bruma y tóxicos vapores.
Allí habita mi pasado,
mis remordimientos,
mi muerte.
perdóname vida por no saber
reconocer que he muerto.
Pero basta un parpadeo
que rompa el hechizo
de este onírico sueño,
para volver a verme
y tratar de saber como fui,
mas es inútil,
puesto que he perdido el ayer.
¿Sabías que el cielo es .?
Sí; simplemente es.
Somos nosotros
los que ansiosos
por librarnos
de nuestra molesta
carga de emociones
le adjudicamos sentimientos,
colores.
Se vuelve el boceto
de sueños y pesadillas
que no abandonan
nuestro caminar.
Por ello la muerte
consiste en comprender,
que el cielo es
y seguirá siendo
aún después
que mis cenizas
se dispersen
en tu noche.
Fue un instante,
de amor
de muerte.
Un parpadeo involuntario
lapso que basto
para atisbar al otro lado del silencio,
allí donde
ángeles, serafines y nonatos
mueren de tristeza.
Aquí el tiempo
se prolonga
más allá de las horas
los días,
siglos y milenios nos contemplan
en su pausado andar.
Es en este valle de espinas
y cadáveres,
donde habitan los demonios
de la melancolía,
los que cargan con su olvido,
los que reviven toda su existencia,
lo bueno,
lo malo,
el amor,
el desprecio.
Su penar es castigo terrenal,
por no saber amar, ahora
el desamor los ha hecho su esclavo.
Gimiendo,
llorando,
rasgando el aire
los fantasmas
de suspiros y deseos
insatisfechos han vuelto
el aire irrespirable
con sus lamentos.
A lo lejos se levanta el laberinto
construido por el extraño.
Aquel que se yergue en la marisma,
entre bruma y tóxicos vapores.
Allí habita mi pasado,
mis remordimientos,
mi muerte.
perdóname vida por no saber
reconocer que he muerto.
Pero basta un parpadeo
que rompa el hechizo
de este onírico sueño,
para volver a verme
y tratar de saber como fui,
mas es inútil,
puesto que he perdido el ayer.
¿Sabías que el cielo es .?
Sí; simplemente es.
Somos nosotros
los que ansiosos
por librarnos
de nuestra molesta
carga de emociones
le adjudicamos sentimientos,
colores.
Se vuelve el boceto
de sueños y pesadillas
que no abandonan
nuestro caminar.
Por ello la muerte
consiste en comprender,
que el cielo es
y seguirá siendo
aún después
que mis cenizas
se dispersen
en tu noche.