Leonardo Vinci
Poeta recién llegado
Estabas de este lado de las llamas. Más exactamente entre las llamas azules y yo. Tu boca se había crispado en hebras, como esas siluetas lejanas que el sol recorta a la tarde. Decías envuelta en cabello, a contraluz del fuego pronunciabas sonidos y los ibas acomodando con las manos en mi cara, rodeando mi cara enloquecida y fosforescente. Yo medía las frecuencias de tu voz y las mezclaba con las olas de mis verbos, y te arrollaba ascendente como pan, y te comía.