Tu piel, jardín de fuego, se dilata
bajo la luna en tránsito silente,
y el roce se convierte en fiel docente,
de un rito que en la sombra se desata.
Tu aliento me persigue y me delata,
latido que se embriaga lentamente,
la carne es un idioma transparente
cuando el deseo canta y no se mata.
Mis manos, mar que explora sin premura,
hallan el eco tibio de tu anhelo,
y en cada pliegue brota la ternura.
No hay más dios que el amor en su desvelo,
y en el temblor sagrado de tu altura
mi voz se eleva y vá… contigo al cielo.
bajo la luna en tránsito silente,
y el roce se convierte en fiel docente,
de un rito que en la sombra se desata.
Tu aliento me persigue y me delata,
latido que se embriaga lentamente,
la carne es un idioma transparente
cuando el deseo canta y no se mata.
Mis manos, mar que explora sin premura,
hallan el eco tibio de tu anhelo,
y en cada pliegue brota la ternura.
No hay más dios que el amor en su desvelo,
y en el temblor sagrado de tu altura
mi voz se eleva y vá… contigo al cielo.
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