Fuera del tiempo y la distancia

Nýcolas

Poeta asiduo al portal
Tras la promesa divina
Alcé mi espada
A los celestes del Cielo.

Fui el Aguirre descubriendo
Las secretas tierras de un corazón harto escondido,
Y, como un esplendoroso ángel que renace del Fuego

Volé hacia los aposentos sacros en donde descansan
Todos los suspiros desterrados, mas que todavía aman.

En mis horas de infierno, he derramado más luceros
Que el Samán de Güere en sus terribles horas de Gloria.

Mis sombras descansaron bajo el cálido espectro de su copa,
Perláronse por sus anhelos de Victoria, inmarcesibles astros

Diminutos cual gráciles y etéreos polvos de hadas. Un pasado.
Hoy, todas las sombras son una. Suntuoso hado
De los mil tiempos: un ninguno.

En las cumbres hiperbóreas de un hielo escarlata
Duerme un Lucero en un iglú; — en su corazón,
Altivo y apacible, encuéntrase el akáshiko papiro
Que revela cómo el santo hase caído del Cielo
Y ascendido en la mañana. Misterio Áureo.

Luciferino, tortuoso fulgente, expédito canto
Emerge el sagrado ardor del puño que lucha
Y que late y silencia, desde las profundidades
Eternas del Amor; Cosmos Infinito, sacrísimo
Lecho del Fuego de Oro: Inmortal Astral.

A paso de pulpo, raudo y sibilino, impasible,
Escalo a la rocosa entre climas que juegan
A ser elefantes, truenos de marfil empalidecen
Los ecos de mis flamígeros latidos en llameante
Amanecer hasta que mis ojos de felino ámbar
Expresan la rabia de un titán decapitado:
Es en el suelo donde reposa la cabeza.
Desprendo una leve sonrisa soberbia mientras
Erguido con un pie amaso el cráneo de carne.

Ayer fue Goliat. Hoy le tocó al Ego.
Siempre fue el mismo. Pobre suerte del gigante.
Mil millones de esclavos derriban un Imperio;
Mil pueblos derriban un Sistema;
Mil ángeles derriban a Dios: deicidio.
Un Corazón derriba un Universo.
Voluntad. Convicción. Estamos donde estamos.

Y en sacrílego portuario evado diez mil veces
A Caronte para diez mil veces volver a renacer.
No soy un Fénix: mi corazón está hecho de fuego.
No soy un Lucero: mi sangre es líquida de luz y de cielo.

Podré cien veces morir sobre la tierra; pero mi cuerpo
Descansará en un cementerio pálido: encuéntrase
Mi tumba en la esfera de la Nostalgia: Nocturna.
Estoy hablando de la Luna. — La distancia
No nos distancia: de la mano o solitarios
Caminamos sobre la arena del amor.

El tiempo no nos afecta. Porque nos,
Tú y yo, ser, sos, soy, nos: ambos: nos descubrimos.
Y aunque en cansino caminar avanzamos y vivimos,
Fastuosos los rayos de nuestros ojos que aspiran
De la cúspide al abrigaño. Fraguado temple del águila
Que caza. Estamos libres.

La Noche de estío, en su magnífica calidez,
Es una de esas mujeres que uno quiere
Para toda una eternidad. Es Amor.

Alma guerrera que principió por los Abismos,

Estoy armado con la armadura invisible
Del corazón eterno: porque palpé al Magnífico.
A quien tú ya conocías en las más hondas
Intimidades; y cual estíptico estilete gélido
Puedo sobrevivir en las glaucas selvas de lo eterno.
En invierno la chamarra del amor infinito
Cúbreme el pecho cual la noche al grillo,
Y en la Aurora, cobalto de cerúleo fúndese
En el esplendor magno sobre la Epifanía del Alma.
Somos dos, somos uno, somos.

El encelestado pecho del Grande nos alberga a todos;

Estamos salvados, siempre lo estuvimos.
Estertórea luz rasgada por las fisuras
De las duras tierras en porfía
Nos alumbran cual una hoguera en el Hades,
Mientras silba una tetera de lava a mil kilómetros
De los aposentos de Perséfone, un demonio
Juega al ajedrez con el Santo Hijo del Padre.
Aquí el día es la esperanza y cuando cae el sol
Aparece la Muerte. Hace tiempo que no bajaba
Aquí abajo. A corazón pulcro y alas límpidas
Puedo ascender y descender a mi antojo;
Domino las artes negras: puedo ser malvado.
Empero con la sacra pluma de un Pavo Real
Sumisa magia roja a mi favor está; más aquella,
Etérea y luminosa y refulgente y mágica magia blanca
A mis ojos alumbra: son tres. Osiris, Isis, Venus.
LLevo un beso de Afrodita en la mejilla, y río
En las noches de arrogancia; estoy maldito en los sueños
Razón por la cual estoy bendito en la vida.
Una familia de gitanos, sí, los recuerdo. El auto fantasma
Y el recuerdo eterno de un fresco sábado áurico.

Hay que abrir los ojos al Estío del Sol:
Verano eterno del espíritu que Arde.

Estamos con lo Vasto. Lo merecemos.
¿Será distinto el azur cordaje del Destino?
¿Será distinto el tropel de truenos sobre el Camino?
¿Será distinto si ya es, siendo y no siendo, lo que es?
No, sí, no, sí. Estinco símbolo del Peligro Eterno:
Nuestros caminos apuntan al Horizonte:
Hay que ser Valientes. Lo prevemos.

Estimativo estímulo del sátiro que corre
A su satireza en pálidos velos transparentes
Cual la baba de la luna en la popa de alabastro,
Sobre salado océano de espumas místicas
Cual santas orgías de Baco en las entrañas
Divinas de un sector secreto en el Monte del Parnaso;
Fémino ulular de la felina que goza bajo los senos
De la divina luna en la noche del Cristo, a minutos
De su nacimiento: placeres inefables explotan
A orillas de una playa con el fuego efímero
De criaturas dionisíacas que embriáganse
En el espeso y dulce vino de unas regordetas tierras
Que bordean al Edén; orgásmico vellón de la santa
Ninfa que juega con el Fauno: dos niños de lo eterno,
Jugando a orillas del Tiempo. Bestia indiferente
De vivos y de muertos. — En monumental estípite,
Tal estilita, cual eremita, en estibia entereza,
Reposaré cual el águila que a su pecho ha saciado
Tras devorarse al gran pez. Me purificaré, alma y cuerpo,
En el Para Rehe Onáva; luego, tras respirar los alígeros
Aires del Cielo, mi corazón cual una caldera necesitará
Llamas: ardiente ardor de los infiernos. Y me repurificaré
En el acero de la espada de los abismos: un baño
En el Estigia. — Así: el puño de sangre será un crisol.

Congruente ingente el Amor Inteligente del Ángel Luzbel.
 
Nýkolas:
Inolvidable la experiencia de leer esto, exhaltadas gracias. Leo una y otra vez, me encanta. Algunas líneas me acarician, otras no tanto, pero todo es así luz-oscuridad, caricia-golpe, muerte-vida, dulce-amargo...
Volé hacia los aposentos sacros en donde descansan
Todos los suspiros desterrados, mas que todavía aman.

En mis horas de infierno, he derramado más luceros
Que el Samán de Güere en sus terribles horas de Gloria.

Mis sombras descansaron bajo el cálido espectro de su copa,
Perláronse por sus anhelos de Victoria, inmarcesibles astros

Diminutos cual gráciles y etéreos polvos de hadas. Un pasado.
Hoy, todas las sombras son una. Suntuoso hado
De los mil tiempos: un ninguno.


No significa que me guste más porque lo enmarco, no, es porque siento lo que significa para mí.
Gracias por compartir, abrazos y besos desde acá ♥

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