Princesa
Poeta que considera el portal su segunda casa
Fueron dos…
Sus caricias me elevaron
al infinito,
fui cántaro de piel
entre sus manos.
El paraíso presencié,
la hiel se volvió miel,
me deleité en esos ojos
tan extraños.
Fueron dos…
y no pude saber
el nombre del verbo
inusitado.
Me abandoné y dejé
de ser,
para volver a amar
sin preguntar
ni discutir nada de nada.
Fueron dos…
El sol con su roce tibio
celoso me palpó,
ruborizó mi rostro,
dio calor a mi cuerpo
y luz a mis pupilas.
Entonces, cómplice del momento
ni el cielo se atrevió
a decir no.
Fabiana Piceda
Fabiana Piceda
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