GerardoGomez
Poeta recién llegado
Sumergido en los oídos
de la celeste estratosfera.
Fuera de mi mismo
los cuerpos de los asnos
están cubiertos por hormigas
y los escarabajos salen de la
palma de mi mano.
¿Qué hacer cuando mi cabeza estalle
por los espejismos
en las liebres de hielo?
Los espacios angulares
encajan perfectamente
en las pupilas de los
nardos funerarios.
En los últimos rubores del abismo
las avestruces monstruosas se diluyen en
el borde de un río.
Y yo camino, con mis ojos paranoicos,
sobre la espalda de un jazmín de fuego
y mis manos toman la misma
forma que tus hombros.
Llueve en la atmósfera galáctica,
dormida en la ventana
esta una cebra hecha con rubíes,
las últimas sombras gustan de mirarme.
El tiempo se dobla,
el universo se dobla,
las agujas se doblan y miles
y miles de líneas trazadas
sobre la orquídea sembrada
en tu cintura.
Los sonidos me hablan,
al igual que las voces desconocidas...
de la celeste estratosfera.
Fuera de mi mismo
los cuerpos de los asnos
están cubiertos por hormigas
y los escarabajos salen de la
palma de mi mano.
¿Qué hacer cuando mi cabeza estalle
por los espejismos
en las liebres de hielo?
Los espacios angulares
encajan perfectamente
en las pupilas de los
nardos funerarios.
En los últimos rubores del abismo
las avestruces monstruosas se diluyen en
el borde de un río.
Y yo camino, con mis ojos paranoicos,
sobre la espalda de un jazmín de fuego
y mis manos toman la misma
forma que tus hombros.
Llueve en la atmósfera galáctica,
dormida en la ventana
esta una cebra hecha con rubíes,
las últimas sombras gustan de mirarme.
El tiempo se dobla,
el universo se dobla,
las agujas se doblan y miles
y miles de líneas trazadas
sobre la orquídea sembrada
en tu cintura.
Los sonidos me hablan,
al igual que las voces desconocidas...