BEN.
Poeta que considera el portal su segunda casa
Territorios ajenos
retornan a mis pies sangrados
con vómitos de febriles azucenas
que un niño absorbió de sus licuaciones.
Espermas delicados golpean ahora
mis derivas urbanas con la araña mutilada
de los contenedores abisales.
Nunca, nunca tres abyecciones
resultaron tan ideales, tres naciones
impulsaron un conjunto de estrellas
navegando siempre en un estanque fluvial.
Los solícitos emuladores retornaron a mis alas
con paciencia de lóbregos sarcófagos, con sutiles
amenazas desbordadas de lluvia tras sus sótanos.
Intrusos desmedidos lacónicos embustes
mi columna pretérita desafió bordes lineales
entre estelas infinitas que emitieron un cuerpo
nauseabundo.
Descascarillado temblor de sugestivo laúd
contertulio original de sangres amonestadas,
que fueron en su placenta calidoscopios exactos.
Nuevas fórmulas exhiben sus fecundos dormitorios
raíces anegadas por el germen que erigen tres fanáticos
negros con sus palas deliciosas.
Y clavan sucedáneos de luminosidad
las angosturas de un lóbrego túnel,
en su ira destinada al suplicio devorador.
Arabescos insultantes afloran su menstruación
derribados soles moles de acero que el aire contagia.
©
retornan a mis pies sangrados
con vómitos de febriles azucenas
que un niño absorbió de sus licuaciones.
Espermas delicados golpean ahora
mis derivas urbanas con la araña mutilada
de los contenedores abisales.
Nunca, nunca tres abyecciones
resultaron tan ideales, tres naciones
impulsaron un conjunto de estrellas
navegando siempre en un estanque fluvial.
Los solícitos emuladores retornaron a mis alas
con paciencia de lóbregos sarcófagos, con sutiles
amenazas desbordadas de lluvia tras sus sótanos.
Intrusos desmedidos lacónicos embustes
mi columna pretérita desafió bordes lineales
entre estelas infinitas que emitieron un cuerpo
nauseabundo.
Descascarillado temblor de sugestivo laúd
contertulio original de sangres amonestadas,
que fueron en su placenta calidoscopios exactos.
Nuevas fórmulas exhiben sus fecundos dormitorios
raíces anegadas por el germen que erigen tres fanáticos
negros con sus palas deliciosas.
Y clavan sucedáneos de luminosidad
las angosturas de un lóbrego túnel,
en su ira destinada al suplicio devorador.
Arabescos insultantes afloran su menstruación
derribados soles moles de acero que el aire contagia.
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