La Corporación
Poeta veterano
Evaristo Corumelo,
Abril 15 del oño 1º de la Iguana.
tus negros pezones me supieron a miel,
muerte.
Miraba el techo
de aquella mujer
cada día más negro.
Contemplaba
su espalda desnuda,
y los días que pasé
saboreando aquellos pechos.
A menudo
olfateaba su honda tristeza,
el sudor,
la atracción irresistible
de su herida.
Y muchas veces,
muchas,
mordiéndonos la boca
nos bañábamos desnudos
en piscinas ajenas,
como mordíamos el polvo
del desarraigo
apenas salía el sol.
Siempre la noche,
el dolor de verla morir,
emponzoñada,
por esta maldita plaga
que dios dejó
olvidada en la estación
de los heterodoxos.
Aquella piel
quedó a jirones
en cada vida,
lo demás
se lo llevó mi tiempo
o tal vez su mala suerte.
RENATO VEGA
Abril 15 del oño 1º de la Iguana.
tus negros pezones me supieron a miel,
muerte.
Miraba el techo
de aquella mujer
cada día más negro.
Contemplaba
su espalda desnuda,
y los días que pasé
saboreando aquellos pechos.
A menudo
olfateaba su honda tristeza,
el sudor,
la atracción irresistible
de su herida.
Y muchas veces,
muchas,
mordiéndonos la boca
nos bañábamos desnudos
en piscinas ajenas,
como mordíamos el polvo
del desarraigo
apenas salía el sol.
Siempre la noche,
el dolor de verla morir,
emponzoñada,
por esta maldita plaga
que dios dejó
olvidada en la estación
de los heterodoxos.
Aquella piel
quedó a jirones
en cada vida,
lo demás
se lo llevó mi tiempo
o tal vez su mala suerte.
RENATO VEGA
Última edición:
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