Luzibell Ferreyra
Poeta recién llegado
Desde el centro de la Tierra
se cuece un caldo de fuego
que alimenta por igual a los bastardos,
que a los vástagos de Gea
Y la madre nos respira
exhalando los humores de sus hijos
y el hedor de este planeta,
inhala cuanto se siembre en ella
y se cimbra expirando
por nuestra maldad y su tragedia
¡Oh madre! Tú que nos vestiste
con mantos de verdes selvas
que cubriste nuestras noches
con un lienzo negri-azul
incrustado con finas piedras
Madre que bañaste a tus críos
con aguas de rosas
de jazmines
de violetas
Tú que barnizaste sus cuerpos
con aceite de almendras
de romero
de maderas
Hoy te asfixias entre la pestilencia
ya el corazón de los hombres
no es de amor ni tu divina esencia
es ahora la maldita náusea
que flota en el aire
aniquilando lo puro de su naturaleza
se cuece un caldo de fuego
que alimenta por igual a los bastardos,
que a los vástagos de Gea
Y la madre nos respira
exhalando los humores de sus hijos
y el hedor de este planeta,
inhala cuanto se siembre en ella
y se cimbra expirando
por nuestra maldad y su tragedia
¡Oh madre! Tú que nos vestiste
con mantos de verdes selvas
que cubriste nuestras noches
con un lienzo negri-azul
incrustado con finas piedras
Madre que bañaste a tus críos
con aguas de rosas
de jazmines
de violetas
Tú que barnizaste sus cuerpos
con aceite de almendras
de romero
de maderas
Hoy te asfixias entre la pestilencia
ya el corazón de los hombres
no es de amor ni tu divina esencia
es ahora la maldita náusea
que flota en el aire
aniquilando lo puro de su naturaleza