Gala Dalí observada por hombres de Magritte.

Cris Cam

Poeta adicto al portal
Los hombres a través de la ventana, la tarde fresca,
la ventana gris,
colores primarios,
cielo de bandera argentina.

Y te siento allí, sentada de vos,
vos frente a vos,
contando las perlas,
saliéndote para buscarme.

Una palabra cayó sobre la alfombra, recorrió los pisos de la habitación,
hacia la cocina, el baño,
golpeó contra la columna de mi mármol,
y salió al sol del patio.

Y los hombres, jetros, perfectos, que miran a través de la ventana,
un mundo de corbatas planchadas.
Y les das la espalda.

Tu espalda de valles transitados,
sólo por las caricias de los versos de los poetas.
Luego, todo mío, aunque lejana.

Me pincharé el dedo con la rueca, a la hora del ángelus,
que es cuando tu rostro es más blanco,
más luminoso y más lejano.

Entraré a mi cuarto lúgubre, oscuro, sombrío.
Donde las miradas de los hombres,
no horadan desde la ventana.
Y dormiré mi amor sin tiempo.

Ellos no saben de mi amor,
de mi letra ensimismada,
de mi espera inútil,
de tu camisa,
tu pelo
y tus manos cruzadas.

Mañana te irás.
Te escribiré cada día un poema.
Ellos creen en las despedidas,
yo en la eternidad.

Perecerán los puentes,
del óxido de mis lágrimas.
Cuando yo soy feliz,
sólo con nombrarte.

Esos hombres de sombreros mágicos,
creen en la sangre de los orfanatos,
pero no saben de mi sangre,
resucitada, regurgitada, agitada,
a la hora del ángelus,
por tu boca ajena.

Quizá me compre una camisa,
del mismo color de tus ojos,
para colgarla de espejo y nombrarte.
Te irás y no lo lamento.

Te irás a volar entre los incineradores,
a nadar sobre las vías del subte,
a sonreírle a la vaca de la ruta nueve.

Y yo te amaré.
Te pintaré sobre la pared del desván,
desplegaré tu blanco sobre mi cuaderno,
le daré la forma caprichosa de un poema.

Y lo recitaré al viento, para beneplácito de los hombres,
que miran absortos por la ventana.
Ellos, hablarán de la belleza de las palabras.

Porque, ellos, no saben, en realidad, que yo sólo hablo de tu belleza,
que entra algunas tardes,
cuando levantas los ojos,
sólo... solamente para mirarme.


PD: Jetro: Hombre de traje o boncha de jetra.


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Última edición:
A un lector moderador se le debe una explicación de génesis.
Lugar "el quincho", un cuartucho en la casa de Rosa (Buk) donde nos reunimos unos cuantas decenas de millones de miércoles, alrededor de una mesa pintada de verde con sintético, por lo general, Rosa, la maestra y anfitriona, Cecilia, Cristina, y alguno más que con tiempo irían rotando, quizá Carina, quizá Salvador, quizá Lissette. A mi izquierda, mi musa, Gala, tal como firmaba por entonces en los foros (Cristina), yo 42 ella 22. De pronto se aparece Rosa con dos cuadros. En uno Gala Dalí (la de verdad) de espaldas ·"La hora del ángelus" y enfrentándose a él, porque la anfitriona tenía una revista en cada mano "Tiempo de vendimia" de Magritte. Luego, lo usual, 10 minutos para escribir los que nos viniera en mente. Mitad fantasía, los hombres que miran por la ventana, mitad realidad, era verdad que viajaba por la ruta 9 y había comentado ese mismo día haber visto una vaca que le llamó la atención.
Sólo eso.
 
A un lector moderador se le debe una explicación de génesis.
Lugar "el quincho", un cuartucho en la casa de Rosa (Buk) donde nos reunimos unos cuantas decenas de millones de miércoles, alrededor de una mesa pintada de verde con sintético, por lo general, Rosa, la maestra y anfitriona, Cecilia, Cristina, y alguno más que con tiempo irían rotando, quizá Carina, quizá Salvador, quizá Lissette. A mi izquierda, mi musa, Gala, tal como firmaba por entonces en los foros (Cristina), yo 42 ella 22. De pronto se aparece Rosa con dos cuadros. En uno Gala Dalí (la de verdad) de espaldas ·"La hora del ángelus" y enfrentándose a él, porque la anfitriona tenía una revista en cada mano "Tiempo de vendimia" de Magritte. Luego, lo usual, 10 minutos para escribir los que nos viniera en mente. Mitad fantasía, los hombres que miran por la ventana, mitad realidad, era verdad que viajaba por la ruta 9 y había comentado ese mismo día haber visto una vaca que le llamó la atención.
Sólo eso.

Gracias por la explicació, ya puedes imaginar que sin ella yo no estaba capacitado para entender de que iba realmente tu relato poético.

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Me gusta tu poesía, ese relato de imágenes que se interpone y que nos lleva por el vertiginoso verbo que transmite emociones y reflexiones.
Un placer leerte, felicitaciones por esta obra.
Un abrazo fraterno poeta.
 
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Pregunta: ¿Cómo se hace, si es que se puede, para insertar una imagen en un tema?
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Última edición:
Los hombres a través de la ventana, la tarde fresca,
la ventana gris,
colores primarios,
cielo de bandera argentina.

Y te siento allí, sentada de vos,
vos frente a vos,
contando las perlas,
saliéndote para buscarme.

Una palabra cayó sobre la alfombra, recorrió los pisos de la habitación,
hacia la cocina, el baño,
golpeó contra la columna de mi mármol,
y salió al sol del patio.

Y los hombres, jetros, perfectos, que miran a través de la ventana,
un mundo de corbatas planchadas.
Y les das la espalda.

Tu espalda de valles transitados,
sólo por las caricias de los versos de los poetas.
Luego, todo mío, aunque lejana.

Me pincharé el dedo con la rueca, a la hora del ángelus,
que es cuando tu rostro es más blanco,
más luminoso y más lejano.

Entraré a mi cuarto lúgubre, oscuro, sombrío.
Donde las miradas de los hombres,
no horadan desde la ventana.
Y dormiré mi amor sin tiempo.

Ellos no saben de mi amor,
de mi letra ensimismada,
de mi espera inútil,
de tu camisa,
tu pelo
y tus manos cruzadas.

Mañana te irás.
Te escribiré cada día un poema.
Ellos creen en las despedidas,
yo en la eternidad.

Perecerán los puentes,
del óxido de mis lágrimas.
Cuando yo soy feliz,
sólo con nombrarte.

Esos hombres de sombreros mágicos,
creen en la sangre de los orfanatos,
pero no saben de mi sangre,
resucitada, regurgitada, agitada,
a la hora del ángelus,
por tu boca ajena.

Quizá me compre una camisa,
del mismo color de tus ojos,
para colgarla de espejo y nombrarte.
Te irás y no lo lamento.

Te irás a volar entre los incineradores,
a nadar sobre las vías del subte,
a sonreírle a la vaca de la ruta nueve.

Y yo te amaré.
Te pintaré sobre la pared del desván,
desplegaré tu blanco sobre mi cuaderno,
le daré la forma caprichosa de un poema.

Y lo recitaré al viento, para beneplácito de los hombres,
que miran absortos por la ventana.
Ellos, hablarán de la belleza de las palabras.

Porque, ellos, no saben, en realidad, que yo sólo hablo de tu belleza,
que entra algunas tardes,
cuando levantas los ojos,
sólo... solamente para mirarme.


PD: Jetro: Hombre de traje o boncha de jetra.


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Da la impresión que fue demasiado sentimiento acumulado y que ahora, por fin, brota. Saludos cordiales. Cristian Camila.
 

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