Gangrena de garza tu lumbre
cuyo cuello renegrido se marchita,
y saliva viscosa y seminal
fronteriza lo que una vez fue mi escondrijo;
Tu tráquea y doce euros
fue todo cuanto tuve
y es todo lo que tengo.
Descansa, tu vela fue bengala
extinta en cabal sueño,
limando camino al andar.
Y echo ron y pimienta
a la herida de tu muslo,
árbol o fogata,
viento liminal o derrame.
Nácar, de nácar era tu reflejo,
purgando mi orgullo, reduciéndome a nada.
Un narguile por taconazo
que convidaba tu presencia
a cambio de humo y justicia.
Se oye en la catedral del eco tu latido,
y le lloro a tu pecho desnudo.
La libido ovula en el féretro,
cenagal sangriento y mestizo
donde presento mis respetos
por no grabar tu tacto,
porque mis manos ya no merecen recordar
tu vientre y hombro mojado,
motor de mis pisadas.
Se ríen tus escápulas
entre las fisuras de mi cráneo
donde subyacen trasquilones
desentendidos de nuestra vorágine.
Tal vez lo que más me duele
no es que te hayas ido;
Es que te estés yendo.
cuyo cuello renegrido se marchita,
y saliva viscosa y seminal
fronteriza lo que una vez fue mi escondrijo;
Tu tráquea y doce euros
fue todo cuanto tuve
y es todo lo que tengo.
Descansa, tu vela fue bengala
extinta en cabal sueño,
limando camino al andar.
Y echo ron y pimienta
a la herida de tu muslo,
árbol o fogata,
viento liminal o derrame.
Nácar, de nácar era tu reflejo,
purgando mi orgullo, reduciéndome a nada.
Un narguile por taconazo
que convidaba tu presencia
a cambio de humo y justicia.
Se oye en la catedral del eco tu latido,
y le lloro a tu pecho desnudo.
La libido ovula en el féretro,
cenagal sangriento y mestizo
donde presento mis respetos
por no grabar tu tacto,
porque mis manos ya no merecen recordar
tu vientre y hombro mojado,
motor de mis pisadas.
Se ríen tus escápulas
entre las fisuras de mi cráneo
donde subyacen trasquilones
desentendidos de nuestra vorágine.
Tal vez lo que más me duele
no es que te hayas ido;
Es que te estés yendo.