Histrión
Poeta recién llegado
Garabateado Solfeo
IEn papel pautado
Ahora que este papel pautado tengo,
por el reverso, estos versos escribo.
Por musa única, de ésta música gozo;
¡Ay! Del hermoso, sinfónico sollozo
de un fugitivo arcángel que con leve esbozo
de sus finas caricias, alborozo causa.
La muy bella sinfonía que los dedos tejen
con los hilos de una muy ancestral partitura
son muy veleidosa delicia que al alma estura;
música simple y pura... espiritual armadura.
II
Concierto
Si es el arco del violín
del compositor sayón
y de los llantos flagelo,
eso, amigo, yo no lo sé.
De la sonata al soneto,
del verso al concierto;
del violín despierto
de nuevo al verso.
Que es este violín como un gatito
que viene a ronronear en el hombro
y sutil se posa, es sin embargo, cierto.
Y eso, amigo, se llama concierto.
Callan ruiseñor y mariposa
durante éste, —y dice la leyenda:
"Hasta el silencio guarda silencio,
y enmudece en su rama el jilguero;
cuando cantan el piano y las arpas.—
Que si la sutil y ligera mano
de que brota muy exquisita nota…
es en realidad elegante éxtasis,
o, en realidad un musical oasis,
no lo sé.
Que si artístico frenesí de emoción
convertida en vital praxis,
es en realidad orquestral fantasía,
mucho menos.
Eco mágico, del cruel tiempo cautivo,
y en seductoras sonatas revestido.
¡Mágico blasón de heráldico soliloquio!
—Y, como diría el buenazo Don Quijote
(si hubiera sido de la música entusiasta):
<<Melódico delirio en este mi escudo
son los acordes de aquellos molinos.>>—
III
Hipnotistas
En veinticuatro caprichos embebido vivo,
y de mitos paganos, Paganini por amigo.
Poéticas aventuras sin fin,
apasionado,
grandilocuente
artista;
nigromante del violín,
inigualable;
Niccoló: el nómada en
inopia, hasta el fin.
Y de Vivaldi, la añoranza.
Cartas sin destinatario me parecen
a mí sus pentagramas, sus partituras:
cartas de amor, o bien tristes historias...
relatos de pasiones, o torturas,
o bien, anónimos anhelos, deseos;
reflexiones de mentales texturas...
que, revestidos en tenor, aparecen
cargando de la vida el elíxir, del tedio, las curas.
Y hasta las aves callaron
con las cuatro estaciones;
cesaron presto el matutino trino,
y su voz prestaron al eco divino.
Asimismo, también
la tempestad del mar cesó;
mucho bramaron las nubes,
y silbaron los otoñales cedros.
Silbaron tanto, tanto silbaron,
que el horizonte susurró:
¿Qué eres?,
¿sueño fascinante,
mesmerismo seductor,
trance, o hechizo?
Luego se desvaneció el horizonte
entre corcheas y escalas…
tras la azul mar y el cielo rojizo.
Y que pronto se llenó este papel pautado;
en este solfeo de versos, tras el que
ya no sé yo a quién más venero:
¿A la sonata o al soneto?,
¿al violín o al verso?.