yomboki
Poeta que considera el portal su segunda casa
Puede que vuelva montada en un suspiro,
puede que vuelva como al azar,
como una gata
volviendo a su tejar.
Y mis manos se preguntan que clase de bienvenida
merece la absurda,
que
cuando debe amarte te olvida
y vuelve zalamera
al ritmo de tres tigres en un trigal.
Puede que vuelva
como ha vuelto siempre,
cuando las nubes claman por septiembre
y sus costumbres marineras
le piden un cementerio donde atracar.
Puede que vuelva
vasta en caricias y saliva,
lujuria y futuras despedidas
para mi cama que no la olvida,
para mi piel que araña su piel.
Entonces todas mis tazas están dispuestas
para el ruido de su café
y anticipo borracheras
para cuando aleje sus pies.
Puede que vuelva
a recoger sus palabras
y la ultima huella de su desdén,
esa que clavada en mi corazón
me pone un signo de propiedad,
Puede que vuelva a grabar su nombre en mis costillas,
a decir que otros besos
no la supieron besar
y el gramo de corazón
que me dejaron sus despedidas,
maldice con alegría
lo inminente de sus pestañas,
lo pretensioso de su humedad.
Puede que vuelva
a poner de pie mis san Antonios,
a responder a mis oraciones,
a revolver lo resuelto,
a dejar su perfume burlón
sobre mis almohadones,
a remover sobre mis heridas la sal de sus besos
y su piel.
puede que vuelva como al azar,
como una gata
volviendo a su tejar.
Y mis manos se preguntan que clase de bienvenida
merece la absurda,
que
cuando debe amarte te olvida
y vuelve zalamera
al ritmo de tres tigres en un trigal.
Puede que vuelva
como ha vuelto siempre,
cuando las nubes claman por septiembre
y sus costumbres marineras
le piden un cementerio donde atracar.
Puede que vuelva
vasta en caricias y saliva,
lujuria y futuras despedidas
para mi cama que no la olvida,
para mi piel que araña su piel.
Entonces todas mis tazas están dispuestas
para el ruido de su café
y anticipo borracheras
para cuando aleje sus pies.
Puede que vuelva
a recoger sus palabras
y la ultima huella de su desdén,
esa que clavada en mi corazón
me pone un signo de propiedad,
Puede que vuelva a grabar su nombre en mis costillas,
a decir que otros besos
no la supieron besar
y el gramo de corazón
que me dejaron sus despedidas,
maldice con alegría
lo inminente de sus pestañas,
lo pretensioso de su humedad.
Puede que vuelva
a poner de pie mis san Antonios,
a responder a mis oraciones,
a revolver lo resuelto,
a dejar su perfume burlón
sobre mis almohadones,
a remover sobre mis heridas la sal de sus besos
y su piel.