alejandreiro
Poeta asiduo al portal
GATAÑA
Yo caminaba debajo de mi sombra
y a ella no le importaba.
Y a ti a ti tampoco te importaba.
Tú saltabas entre unos amores
dejándoles en el alma moretones;
Y a mí, no me importaba.
Yo hacía rondas en la noche
para ver si mi sombra se cansaba.
Era un enmudecedor de palabras
de la madrugada.
Colgaba mis silencios
hasta despuntar el alba.
Tú te levantabas de día
para pintarles soles
a las ventanas
de tus amores.
Yo te vi y me comí de un golpe
tu belleza.
Tú y tu belleza
hiperaDIctiva y aluciHipnótica.
Entre tus apellidos, mi nombre.
Yo, entre tus piernas.
Me quedé en la invitación de tus pestañas,
en la mezcla de tus ojos, Gataña.
Porque eres gata y arañas.
Me desplomé al instante
de tu presencia en mi retina,
Y me humedecí de tu saliva,
cuando los ojos me sellaste
con tus yemas digitopunzantes
Hoy me atraviesan tus huellas
y tú, inmutable, permites mi ceguera.
Tan sólo puedo olerte
pero ya no me besas,
ya no escucho tus pasos,
ya no siento tus brazos,
ni vivo en tus caderas.
No reconozco inviernos
de primaveras.
Y me faltan los ojos,
sólo tengo dos cuencas,
sin lágrimas ni penas.
Y tú te fuiste, Gataña.
Y yo, yo, me he quedado a solas
con mi ceguera.
Yo caminaba debajo de mi sombra
y a ella no le importaba.
Y a ti a ti tampoco te importaba.
Tú saltabas entre unos amores
dejándoles en el alma moretones;
Y a mí, no me importaba.
Yo hacía rondas en la noche
para ver si mi sombra se cansaba.
Era un enmudecedor de palabras
de la madrugada.
Colgaba mis silencios
hasta despuntar el alba.
Tú te levantabas de día
para pintarles soles
a las ventanas
de tus amores.
Yo te vi y me comí de un golpe
tu belleza.
Tú y tu belleza
hiperaDIctiva y aluciHipnótica.
Entre tus apellidos, mi nombre.
Yo, entre tus piernas.
Me quedé en la invitación de tus pestañas,
en la mezcla de tus ojos, Gataña.
Porque eres gata y arañas.
Me desplomé al instante
de tu presencia en mi retina,
Y me humedecí de tu saliva,
cuando los ojos me sellaste
con tus yemas digitopunzantes
Hoy me atraviesan tus huellas
y tú, inmutable, permites mi ceguera.
Tan sólo puedo olerte
pero ya no me besas,
ya no escucho tus pasos,
ya no siento tus brazos,
ni vivo en tus caderas.
No reconozco inviernos
de primaveras.
Y me faltan los ojos,
sólo tengo dos cuencas,
sin lágrimas ni penas.
Y tú te fuiste, Gataña.
Y yo, yo, me he quedado a solas
con mi ceguera.
Última edición: