José Valverde Yuste
Poeta que considera el portal su segunda casa
En la tierra de mi valle,
se yergue un paisaje,
ondulado por lomas y cañadas abrazadas;
eres un vaivén de olas en el espacio atrapadas.
Tierra oscura sin agua, dura como el diamante;
tierra fértil de promesas, de sudores
y luminosidad sin igual, testigo de las penas
y del ardiente sol abrasador.
Con cada surco que se siembra, renace la esperanza,
en este rincón sagrado donde la vida se desgrana
y los deseos se hacen transparentes.
Tierra de mi valle, cuna de sueños ,
brotan flores de sacrificio en tu seno.
Rica en frutos de limoneros dorados,
aguacates y mangos la tierra han parido.
Pobre en vides, almendros y algarrobos,
trabajan los hombres con esfuerzo sobre tu espalda
tostada por el sol.
Con el sudor de su vida y su aliento,
cultivan la tierra con fervor.
Bajo el sol radiante de la primavera,
alfombras de amapolas
se vuelven sus compañeras.
Las vides crecen, los camaleones
de verde se pintan,
en esta tierra fértil donde el sol no necesita paleta.
¡Oh tierra benévola, generosa en dones,
bendice a quienes labran tus rincones!
Florecen los almendros con sus blancos paraguas,
rojo y blanco contrastan en danza armoniosa.
Tierra de fango, al llover se desangra la vida,
los hombres por ti mueren, polvo en su partida.