José Valverde Yuste
Poeta que considera el portal su segunda casa
Mi adolescencia fue un vendaval
de pétalos esparcidos, sentimientos
de estar vivo, queriendo comerme la vida,
sus latidos internos, ser un dios,
sin poder ni dinero.
Algo distinto a lo cotidiano,
ser plumero que todo va esparciendo.
Pero apareciste tú, cuerpo de bocado de manzana,
con tu delgadez de filamento de hojalata,
esa mirada vivaz, encendida como una ascua,
y me robaste el alma.
Una espiral de tormentas solares,
sueños con trenes saliendo de un túnel secreto
con su columna de humo al descubierto,
viajar soñando y soñar viajando
a un mundo que no era el mío, era del burgués,
del dinero enmohecido, guardado
en latas oxidadas de terciopelo añado.
Mi adolescencia es subir lomas inalcanzables,
picores inolvidables, trabajos sin salario,
estupideces debajo del brazo, con una dictadura
envolvente de miedo, castañeando los dientes.
Mi adolescencia es amor a raudales, embobamiento,
manos sudorosas , temblores carnales;
una rosa en el jardín de las felicidades.
El aliento eterno de hacerte mía
por la eternidad de los tiempos
en el firmamento.