Generales 32 : Siento tu dolor

José Valverde Yuste

Poeta que considera el portal su segunda casa


Siento tu dolor en mi piel helada,
el frío que eriza tu piel cansada,
el aire de tu aliento entrecortado,
que huele a sueños y a pasado.

En cada suspiro, tu alma se despliega,
un eco de tristeza que el viento recoge,
enredado en penas que el corazón entrega,
en la danza eterna de lo que nos ahoga.

Caminamos juntos bajo cielos sombríos,
cargando en silencio nuestras pesadillas,
buscando en la oscuridad un rayo de brío,
para encender la llama que nuestras almas avivan.

Enlazados por lazos de sufrimiento,
te ofrezco mi mano en gesto sincero,
juntos enfrentaremos este tormento,
con el amor como faro verdadero.

En el vientre revuelto danzan los jugos,
centrifugando el caos de incierto rumbo.
¡Débil criatura siente el dolor agudo,
¿Cuándo el hambre saciarás?, ¡Oh mundo injusto!

Tu estómago gime, reclama su alimento,
ansía la paz tras el intenso tormento.

Con cada bocado, la calma llegará,
y en la saciedad tu ser descansará.

Bailando en espirales, los líquidos buscan,
el alivio anhelan, en frenesí chocan;
el estómago ruega por paz y quietud.

¡Oh vientre inquieto, hallarás tu sosiego!
en el festín ansiado, renace el fuego;
saciarás el vacío, calmarás la ansiedad,
y en la comida hallarás la felicidad.

En tu día a día, cambio espero ver,
abundancia, calor, alegría al amanecer;
que la precariedad se desvanezca en la aurora,
en tu existencia, renazca la mejora.

Que la sombra de la carencia desaparezca,
que en tu mundo solo la luz florezca.

Anhelo que la vida te brinde su calidez,
y en cada paso descubras la plenitud y la paz
del estómago saciado de alimento real.
 


Siento tu dolor en mi piel helada,
el frío que eriza tu piel cansada,
el aire de tu aliento entrecortado,
que huele a sueños y a pasado.

En cada suspiro, tu alma se despliega,
un eco de tristeza que el viento recoge,
enredado en penas que el corazón entrega,
en la danza eterna de lo que nos ahoga.

Caminamos juntos bajo cielos sombríos,
cargando en silencio nuestras pesadillas,
buscando en la oscuridad un rayo de brío,
para encender la llama que nuestras almas avivan.

Enlazados por lazos de sufrimiento,
te ofrezco mi mano en gesto sincero,
juntos enfrentaremos este tormento,
con el amor como faro verdadero.

En el vientre revuelto danzan los jugos,
centrifugando el caos de incierto rumbo.
¡Débil criatura siente el dolor agudo,
¿Cuándo el hambre saciarás?, ¡Oh mundo injusto!

Tu estómago gime, reclama su alimento,
ansía la paz tras el intenso tormento.

Con cada bocado, la calma llegará,
y en la saciedad tu ser descansará.

Bailando en espirales, los líquidos buscan,
el alivio anhelan, en frenesí chocan;
el estómago ruega por paz y quietud.

¡Oh vientre inquieto, hallarás tu sosiego!
en el festín ansiado, renace el fuego;
saciarás el vacío, calmarás la ansiedad,
y en la comida hallarás la felicidad.

En tu día a día, cambio espero ver,
abundancia, calor, alegría al amanecer;
que la precariedad se desvanezca en la aurora,
en tu existencia, renazca la mejora.

Que la sombra de la carencia desaparezca,
que en tu mundo solo la luz florezca.

Anhelo que la vida te brinde su calidez,
y en cada paso descubras la plenitud y la paz
del estómago saciado de alimento real.
Ecos de tristeza en una dulce melodía.

Un abrazo fuerte.
 

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