Generales 50 : Historia de una vid

José Valverde Yuste

Poeta que considera el portal su segunda casa


Bajo el manto de la noche, solo y silente
un cuerpo retorcido reposa con gracia
sus brazos asimétricos se alzan en vigilia
cubiertos de escamas negras,
mantienen la esperanza de resucitar a la vida.

En la quietud de la noche profunda
la luna te guarda, el búho en su vuelo
te acompaña.

Estas serenatas de sombra y luz latente
son susurros de las estrellas
que su alma levanta sintiendo la magia
de la estridente vida.

Qué solo está en la oscuridad del alma
sin abrigo, cortados sus dedos,
clamando al olvido,
su cuerpo desfallece en triste gemido
pidiendo aire, raíces sin castigo.

Cuando se va el frío y lo acaricia el calor
la tierra se despierta, empiezan a brotar sus dedos
verdes como la primavera, tiernos como el rocío
que te baña por las mañanas.

Fluye la vida en tus venas, en tus brazos
tu cuerpo revive, palpita en armonía
con el sol radiante, es una sinfonía.

Cada pétalo celebra
la vida en su eterno movimiento.
Raíces firmes, corazón de tierra,
nutriendo la esencia de lo que crece
racimos diminutos como joyas escondidas
creando bolitas apenas percibidas.

En el vientre materno, crecen con amor,
sus zarcillos retorcidos, bellos y jugosos,
cual vinagreta de limón, ácida en sabor
les acompañarán en su esplendor.

Después

Su tesoro robarán , al sol lo exponen sin temor,
se arrugan lentamente,
¡uvas convertidas en pasas!
Así es la vida,
un ciclo de esplendor y dolor.
 


Bajo el manto de la noche, solo y silente
un cuerpo retorcido reposa con gracia
sus brazos asimétricos se alzan en vigilia
cubiertos de escamas negras,
mantienen la esperanza de resucitar a la vida.

En la quietud de la noche profunda
la luna te guarda, el búho en su vuelo
te acompaña.

Estas serenatas de sombra y luz latente
son susurros de las estrellas
que su alma levanta sintiendo la magia
de la estridente vida.

Qué solo está en la oscuridad del alma
sin abrigo, cortados sus dedos,
clamando al olvido,
su cuerpo desfallece en triste gemido
pidiendo aire, raíces sin castigo.

Cuando se va el frío y lo acaricia el calor
la tierra se despierta, empiezan a brotar sus dedos
verdes como la primavera, tiernos como el rocío
que te baña por las mañanas.

Fluye la vida en tus venas, en tus brazos
tu cuerpo revive, palpita en armonía
con el sol radiante, es una sinfonía.

Cada pétalo celebra
la vida en su eterno movimiento.
Raíces firmes, corazón de tierra,
nutriendo la esencia de lo que crece
racimos diminutos como joyas escondidas
creando bolitas apenas percibidas.

En el vientre materno, crecen con amor,
sus zarcillos retorcidos, bellos y jugosos,
cual vinagreta de limón, ácida en sabor
les acompañarán en su esplendor.

Después

Su tesoro robarán , al sol lo exponen sin temor,
se arrugan lentamente,
¡uvas convertidas en pasas!
Así es la vida,
un ciclo de esplendor y dolor.
Dulces líneas.

Un abrazo fuerte
 

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