GÉNESIS
Ese ojo,
demiúrgico y submarino,
alojado en la entraña de lo imposible,
más allá de los confines de lo cierto.
Ese ojo, panóptico y sagaz,
del que surgen en su más prístina esencia
los colores y las formas,
las músicas y las estridencias.
En mi camino a la tosca luz de lo real
voy recorriendo senderos eternos,
entrecruzando trayectorias donde incuban
formas todavía no creadas e innombrables,
Voy dejando esquirlas luminosas
que producen armonías primordiales,
vibraciones de cromáticas convulsiones
que algún día recogerán seres iluminados.
Y recorro ese camino cargado
con la pesantez de lo humano,
como un Sísifo sin dioses,
reconfortado por la invención de lo efímero.
Surjo a la desolación del mundo
como fontana, como oasis placentario
en el que las formas neonatas
van perdiendo su memoria,
Voy sembrado las ideas primordiales
que son las curvas matrices, los acordes de otros astros;
quedan allí lemniscatas, cicloides, catenarias
curvas que aspiran a ser deidades,
Arcoiris de colores no creados,
júbilos cristalinos del azufre y los cuarzos
o la indescriptible belleza
de un vientre de mujer embarazada.
Ya existen en mi espacio inaccesible
fractálicas ecuaciones, construcciones de galaxias infinitas,
paralelismos de mundos albergados en una gota de agua
¡Qué limitada criatura me ha hecho el que me ha creado!
Ese ojo y su espacio triangular
siempre alfa, nunca omega
mientras los dulces trinos de aves
naveguen hasta oídos avizores.
Reanudo mi lento ascenso sin fatiga ni esperanza
con la aciaga sabiduría de ser el último ángel.
Los hombres, con los primeros destellos
de esa luz que yo les cedo
han comenzado a dar nombres a los entes,
rudimentarias menciones deslumbradas
a las formas desde mí nacidas.
Ya no me necesitan.
Ese ojo,
demiúrgico y submarino,
alojado en la entraña de lo imposible,
más allá de los confines de lo cierto.
Ese ojo, panóptico y sagaz,
del que surgen en su más prístina esencia
los colores y las formas,
las músicas y las estridencias.
En mi camino a la tosca luz de lo real
voy recorriendo senderos eternos,
entrecruzando trayectorias donde incuban
formas todavía no creadas e innombrables,
Voy dejando esquirlas luminosas
que producen armonías primordiales,
vibraciones de cromáticas convulsiones
que algún día recogerán seres iluminados.
Y recorro ese camino cargado
con la pesantez de lo humano,
como un Sísifo sin dioses,
reconfortado por la invención de lo efímero.
Surjo a la desolación del mundo
como fontana, como oasis placentario
en el que las formas neonatas
van perdiendo su memoria,
Voy sembrado las ideas primordiales
que son las curvas matrices, los acordes de otros astros;
quedan allí lemniscatas, cicloides, catenarias
curvas que aspiran a ser deidades,
Arcoiris de colores no creados,
júbilos cristalinos del azufre y los cuarzos
o la indescriptible belleza
de un vientre de mujer embarazada.
Ya existen en mi espacio inaccesible
fractálicas ecuaciones, construcciones de galaxias infinitas,
paralelismos de mundos albergados en una gota de agua
¡Qué limitada criatura me ha hecho el que me ha creado!
Ese ojo y su espacio triangular
siempre alfa, nunca omega
mientras los dulces trinos de aves
naveguen hasta oídos avizores.
Reanudo mi lento ascenso sin fatiga ni esperanza
con la aciaga sabiduría de ser el último ángel.
Los hombres, con los primeros destellos
de esa luz que yo les cedo
han comenzado a dar nombres a los entes,
rudimentarias menciones deslumbradas
a las formas desde mí nacidas.
Ya no me necesitan.