Seisen
Poeta adicto al portal
Gigante temblón
Despaciosamente me acerqué a tu vera,
colosal, inalcanzable pálida fronda.
Vestiste de fiesta a mis ojos tristes,
gigante temblón de figura enhiesta,
hojas temblorosas y dulzones copos.
En plácido viaje algunos caían,
otros parecían mirar el paisaje.
Temerosa y cauta los guardé en mi mano,
mansos, suaves, cálidos y blandos.
Pura seda blanca dormida en espigas.
Cabillos pequeños guardando millares.
Muy celosamente espigas guardé,
tan dúctiles copos encerré entre hojas.
Sus níveos tesoros siguen renaciendo...
Hay pezones huecos quedándose solos.
Vida mía, terrena...
No estaré, no te veré más.
Con tu magia eterna
¡Álamos serás...!
Despaciosamente me acerqué a tu vera,
colosal, inalcanzable pálida fronda.
Vestiste de fiesta a mis ojos tristes,
gigante temblón de figura enhiesta,
hojas temblorosas y dulzones copos.
En plácido viaje algunos caían,
otros parecían mirar el paisaje.
Temerosa y cauta los guardé en mi mano,
mansos, suaves, cálidos y blandos.
Pura seda blanca dormida en espigas.
Cabillos pequeños guardando millares.
Muy celosamente espigas guardé,
tan dúctiles copos encerré entre hojas.
Sus níveos tesoros siguen renaciendo...
Hay pezones huecos quedándose solos.
Vida mía, terrena...
No estaré, no te veré más.
Con tu magia eterna
¡Álamos serás...!