Girasoles y café.

Said_Nayib

Poeta recién llegado
Son las 4:12 am, despierto mi cuerpo un tanto deambulante en sueño profundo, lo despierto para con mi torso semidesnudo, cubierto de una simple sabana delgada de tela color blanco; me siento, traqueo mi cuello al moverlo de izquierda a derecha, siento el piso arenoso y frío, aún está frío y húmedo por el rocío y el sereno de la noche.

Me levanto y camino hasta un viejo colgadero, allí tomo mi camisa también de delgada y suave tela, es que llevo tanto con ella; entro lentamente a la cocina caminando por el estrecho pasadizo que lleva ella, ese que cubierto de polvo en sus paredes de bareque está, ese que al final de su verticalidad asoma el divisar de la pequeña y humilde cocina. De allí tomo una ollita para preparar el café que anoche molí para hoy tomar, agacho mi espalda y tiendo mi mano al estanque que almacena el agua que recogí en la tarde del riachuelo que barre el cerro donde vivo ahora y siempre, esa agua que aunque no es digna de la lujuria y la mala costumbre del humano de la ciudad, esa agua para mi es vida, para mí es un café que levanta mi cuerpo de la noche y amena el día con su sabor.

No tengo estufa, tengo un fogón de leña que aun sus brasas queman, anoche la dejé encendida para espantar los espíritus y sobre todos los insectos que en mi cabeza rondan; aún está caliente, coloco la ollita y espero que hierva el agua para depositar el café molido que saciará mi ansiedad de él.

Ya huele a mañana, ya huele a café; son ya las 4:35 am, me dispongo a abrir la puerta que cuelga de un marco moribundo y colgante por el tiempo, que hermoso como suena su bisagra cuando va camino a su destino; escucho el gallo cantar, lo escucho sonar y sonar. Abro mis ojos mientras corre el tiempo, espero y espero, es hora, es hora de elogiarte, es hora de mirar lo divino de mi paisaje; sale el sol por el horizonte, los girasoles abren sus alitas como ángel volando al cielo, los girasoles gritan entre semillas abonadas por mis manos. Es tan hermoso, es tan divino; mis girasoles, mi casa, mi tiempo y mi café son simplemente mi gran alivio.
 
Y con poco te contentas mientras te dejen disfrutar tranquilamente de café mientras ves amanecer disfrutando el lento desperezarse de los amarillos girasoles bajo la caricia del sol escuchando el saludo del gallo al nuevo día.

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Muchas gracias, es para mi un elogio que usted tome su tiempo para leer los escritos de este neófito.
 
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