GLORIA DE TIEMPOS PASADOS
En la insondable jerarquía de los eternos
se extienden desde aquellas sus alturas
las vagorosas planicies que se confunden con el mar.
Corales y equinodermos como sustancia y origen
volátiles pesadillas que antes fueron sueños.
Se abre sobre el mar en fuga la palidez de la estatua
y desmayados crespones cubren su impudicia glauca.
Ventanas trae el púrpureo ocaso
derramando desde ellas las cabelleras cobrizas
y las miradas de fuego.
Ya la plaza está desierta
ya callaron los arpegios
y el áspero croar de las ranas.
Ya deponen sus orgullos los olivos y asfodelos.
Delineados paisajes cantados por los antiguos
mantienen enhiestas las áureas perspectivas
y los ecos del concierto.
El río avanza callado hacia su muerte anunciada
lleva en sus aguas mensajes de amor no entregados
que el guerrero envió a su amada.
Sombras de atardeceres perfumadas de silencio.
Vuelven alborozados estorninos y palomas
que anidarán en los brazos extendidos
-pero exánimes-
de las doncellas inmoladas al terminar la batalla.
Gloria de tiempos pasados
dorados brillos que transminan el dolor y su sustancia
enunciados vacíos como teoremas que definen a la nada.
Ojos de ámbar u ónice
catafalcos alumbrados por las miradas obscenas
corroídas y ruines de quienes quedaron fuera.
Se ensanchan los paseos adornados con guirnaldas
para poder contemplar la grandeza del incendio
que mañana asolará Roma en gratuito espectáculo.
Gloria de tiempos pasados que serán un día ceniza.
Ilust.: “Los romanos de la decadencia”. Thomas Couture. 1847
En la insondable jerarquía de los eternos
se extienden desde aquellas sus alturas
las vagorosas planicies que se confunden con el mar.
Corales y equinodermos como sustancia y origen
volátiles pesadillas que antes fueron sueños.
Se abre sobre el mar en fuga la palidez de la estatua
y desmayados crespones cubren su impudicia glauca.
Ventanas trae el púrpureo ocaso
derramando desde ellas las cabelleras cobrizas
y las miradas de fuego.
Ya la plaza está desierta
ya callaron los arpegios
y el áspero croar de las ranas.
Ya deponen sus orgullos los olivos y asfodelos.
Delineados paisajes cantados por los antiguos
mantienen enhiestas las áureas perspectivas
y los ecos del concierto.
El río avanza callado hacia su muerte anunciada
lleva en sus aguas mensajes de amor no entregados
que el guerrero envió a su amada.
Sombras de atardeceres perfumadas de silencio.
Vuelven alborozados estorninos y palomas
que anidarán en los brazos extendidos
-pero exánimes-
de las doncellas inmoladas al terminar la batalla.
Gloria de tiempos pasados
dorados brillos que transminan el dolor y su sustancia
enunciados vacíos como teoremas que definen a la nada.
Ojos de ámbar u ónice
catafalcos alumbrados por las miradas obscenas
corroídas y ruines de quienes quedaron fuera.
Se ensanchan los paseos adornados con guirnaldas
para poder contemplar la grandeza del incendio
que mañana asolará Roma en gratuito espectáculo.
Gloria de tiempos pasados que serán un día ceniza.
Ilust.: “Los romanos de la decadencia”. Thomas Couture. 1847
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