Nommo
Poeta veterano en el portal
Súper-Nova.
Explosión.
La estrella muere.
Barre con muchos planetas que giran a su alrededor.
Civilizaciones enteras pierden todo lo que atesoraban.
¿ Por qué ? ¿ Cómo se llamaban todos sus miembros ?
Una especie en peligro de extinción.
Del mismo modo, la fauna y la flora, y los ecosistemas. El medio-ambiente.
Todo, a freír espárragos.
Y yo quisiera la longevidad. Yo busco la Alquimia. Juventud, divino tesoro.
Transformando el plomo, en oro.
Haciendo hablar al guacamayo o loro.
Y mi casa, yo decoro.
Me esmero. Mas no sirve de mucho.
El planeta Tierra, Gaia, cabe dentro de un perdigón de plomo. En un cartucho.
Con su pólvora blanca, que ardería instantáneamente, dentro de la escopeta.
Y explotaría, por estar tan acumulada.
¡ Estallido del cazador ! Empuje a la inyección de hierro.
Culata golpea fuerte en el hombro.
¡ Pum ! Y creo que voy a desmayarme. No puedo explayarme, en esta ocasión.
No puedo vivir del cuento.
¡ Oh, debo trabajar ! Aproximándome al hombre rotundo.
Ése que se abre camino por la selva amazónica, machete en mano.
Y que explora el continente. Lo hace fecundo.
Me gustaría tanto ser... Director de orquesta... Y que toquen ellos.
Que se muevan, con diligencia.
Y que obedezcan al movimiento de mis dos manos.
Luego, se dan cuenta y protestan, enérgicamente.
¡ Somos libres ! Ganarás el pan, con el sudor de tu frente. De la tuya propia.
Explosión.
La estrella muere.
Barre con muchos planetas que giran a su alrededor.
Civilizaciones enteras pierden todo lo que atesoraban.
¿ Por qué ? ¿ Cómo se llamaban todos sus miembros ?
Una especie en peligro de extinción.
Del mismo modo, la fauna y la flora, y los ecosistemas. El medio-ambiente.
Todo, a freír espárragos.
Y yo quisiera la longevidad. Yo busco la Alquimia. Juventud, divino tesoro.
Transformando el plomo, en oro.
Haciendo hablar al guacamayo o loro.
Y mi casa, yo decoro.
Me esmero. Mas no sirve de mucho.
El planeta Tierra, Gaia, cabe dentro de un perdigón de plomo. En un cartucho.
Con su pólvora blanca, que ardería instantáneamente, dentro de la escopeta.
Y explotaría, por estar tan acumulada.
¡ Estallido del cazador ! Empuje a la inyección de hierro.
Culata golpea fuerte en el hombro.
¡ Pum ! Y creo que voy a desmayarme. No puedo explayarme, en esta ocasión.
No puedo vivir del cuento.
¡ Oh, debo trabajar ! Aproximándome al hombre rotundo.
Ése que se abre camino por la selva amazónica, machete en mano.
Y que explora el continente. Lo hace fecundo.
Me gustaría tanto ser... Director de orquesta... Y que toquen ellos.
Que se muevan, con diligencia.
Y que obedezcan al movimiento de mis dos manos.
Luego, se dan cuenta y protestan, enérgicamente.
¡ Somos libres ! Ganarás el pan, con el sudor de tu frente. De la tuya propia.
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