infeliz?
Feliz
¿Cómo sostener esta sed de palabras?
Este aluvión de relojes de arena derramados.
Me escindo de las cosas, el mundo se desgaja
en sus tensiones de naranja,
chorrea la gota ácida que se filtró
entre los estratos sepultados por el tiempo,
entre cuarzos, esquistos, sílices y detritus metamórficos.
Si me detengo ahora soy como un cuchillo a contramano,
y como el mundo aún es demasiado,
me quedo con las mondas.
Háblame ahora y detén la catarata,
cuando el agua llegue abajo,
seré de piedra seca
y el mundo será blando.
Hay un palacio azul sobre mi suelo negro.
Sus ventanas están enmarcadas
en un polivinilo azucarado.
Siempre miran al sur cuando se abren,
no, siempre están cerradas,
pero a veces se abren y sale la luz,
y hay un cometa más en el espacio,
es un cometa rosa,
llamaradas de púrpura sus alas,
y un polvo de alcanfor
esteriliza el cuenco de su llanto.
El sol se ha ido y eso es todo lo que sé.
No sé nada en la noche,
no conozco los extremos amarrados de los cables cósmicos.
Quiero pensar que han vuelto a llegar a mí,
que yo he vuelto a llegar a ellos,
y en el giro impulsamos a este universo de peonza,
este embudo centrípeto de tiempo.
Pero no sé nada en la noche.
Mi palacio tiene el brillo del nácar,
tiene las paredes untadas de licopeno y azurita,
y el tejado es un delirio en clorofila.
Sus columnas florecen en un dosel de rosas,
y es ahí donde siempre pensé que se hallaba Él,
o te hallabas tú.
Pero yo no sé nada en la noche.
Mis piernas cuelgan como dos dientes de estaño.
Este aluvión de relojes de arena derramados.
Me escindo de las cosas, el mundo se desgaja
en sus tensiones de naranja,
chorrea la gota ácida que se filtró
entre los estratos sepultados por el tiempo,
entre cuarzos, esquistos, sílices y detritus metamórficos.
Si me detengo ahora soy como un cuchillo a contramano,
y como el mundo aún es demasiado,
me quedo con las mondas.
Háblame ahora y detén la catarata,
cuando el agua llegue abajo,
seré de piedra seca
y el mundo será blando.
Hay un palacio azul sobre mi suelo negro.
Sus ventanas están enmarcadas
en un polivinilo azucarado.
Siempre miran al sur cuando se abren,
no, siempre están cerradas,
pero a veces se abren y sale la luz,
y hay un cometa más en el espacio,
es un cometa rosa,
llamaradas de púrpura sus alas,
y un polvo de alcanfor
esteriliza el cuenco de su llanto.
El sol se ha ido y eso es todo lo que sé.
No sé nada en la noche,
no conozco los extremos amarrados de los cables cósmicos.
Quiero pensar que han vuelto a llegar a mí,
que yo he vuelto a llegar a ellos,
y en el giro impulsamos a este universo de peonza,
este embudo centrípeto de tiempo.
Pero no sé nada en la noche.
Mi palacio tiene el brillo del nácar,
tiene las paredes untadas de licopeno y azurita,
y el tejado es un delirio en clorofila.
Sus columnas florecen en un dosel de rosas,
y es ahí donde siempre pensé que se hallaba Él,
o te hallabas tú.
Pero yo no sé nada en la noche.
Mis piernas cuelgan como dos dientes de estaño.
El sol ya viene y eso es todo lo que sé.