ropittella
Poeta veterana en el Portal
Qué sería de mi sin Lorca
de Lorca sin la poesía
del aire y de los sombreros
que me duelen y me revocan,
qué sería de los pañuelos
y este Portal, y mis aposentos
mojados de tantos lamentos,
de los mismos amores repartidos
en los corazones del silencio.
Qué sería de mi sin su muerte temprana
y el dolor que se volvió amalgama
con el sol en una fresca ventana.
Qué sería de mi sin la ternura y la nostalgia
del hoy entrando por tu puerta.
Qué sería de mi sin el deseo escondido
en la timidez de tu boca.
Qué sería de mi sin los hijos y el nido
sin los nonos y su vino
sin Lautaro, sin Rodrigo
sin "hasta la maña" y "mirá la rebanada de pájaros"
sin mi alma entera amando el canto, lo que digo y lo que no.
Qué sería de mí, si no me besaras el cabello
y me regalaras esos perfumes y me bendijeras en las navidades.
Qué sería de mi si me faltara el suelo
para pisar descalza los sueños que anhelo
Qué sería de mi sin tantos amigos buenos,
sobre todo sin mis cinco amigas, todas Miriam.
Pero además Ana, Silvina, Marta, y la Pincoya.
Yayo, Lande, Jorge, Mirta...La lista no termina.
Sin el resistiré de mi padre y el corazón mirando al Sur de Eladia Blazquez,
el Adiós nonino de Piazzolla.
Sin la alegría de la palabra en las alas de los vientos
del pensamiento abierto, de mar sereno
del mar bravío, de tu solo mar del predestino del amor.
Qué sería de mí sin la tierra húmeda que besa tus plantas
enraizadas hasta el último subsuelo
y ese olor, a madreselavas y pan casero
la "señora de la esquina" y las esquinas de los tangos
Y Malena y la música dandome las letras
y las letras poniéndome de punta los pelos.
Qué sería de mí sin los desvelos
la intensidad con la que lloro cada término
y la luz de tus ojos dándome ánimos.
Qué sería de mí sin el Dios que creo
sin la conciencia de los años,
y el deshielo de los témpanos.
Qué sería de mi sin la rosa, la brújula,
los niños, las flores, los cántaros,
la sed, la gloria, el sabor, el duraznero,
las manchas en la humedad, y Chico Carlo
tu viaje a la India y Alicia y su conejo
Cada ciruela comida en el ciruelo,
el sol de las tardes en la quinta, con tantos afectos
y el molino, y la guitarra de Flavio, los abrazos de la luna
los asados y las cartas, mamá papá,
tíos, primos, esas comidas, esos cuentos,
la magia de todas las esperas, los bautismos,
el dolor de los entierros, la fiesta de los casamientos
y la salsa de tomates que embotellamos en equipo.
Los tíos, mis hermanas, mi cuñado, Julia e Isabella,
ángeles apsionados, y hasta un ex marido.
Los coros, Inti Rhuna, Nonthue, Procanto
y esa gente necesaria a la que quiero tanto.
Qué sería de mi sin las mañanas blancas de aquél amor
sin sexo, Fabián,que para siempre me diera los mejores orgasmos.
Sin Mercedes, sin Pedro, sin Violeta,
Sin la Paz y los vigotes de Carlos y su amada Pierina,
y la presencia ayudadora de Silvana, mi madrina.
Y las miradas de alegría de María.
Qué sería de mi sin mis paisanos, los vecinos del barrio
y las nochecitas del helado en la vereda, con vestido nuevo,
aquellas sillas verdes de plástico, y las canciones italianas de la guerra.
Bordados, tejidos lentejuelas, el taller de costura de mi madre
y sus manos en el trabajo, eternas.
Y el otro Taller el de los únicos no discapacitados para amar,
donde cononocí la pureza y cocinamos Juntos.
Qué sería de mí sin tu silueta, sin la armonía del paisaje de San Pedro,
por el camino de tierra en la Estanciera, la escuela enfrente y tu triciclo Fausto.
Qué sería de mí sin mis tesoros, esos puertos del deseo, los libros
y las danzas circulares y las pinturas de los niños.
Qué sería de mí sin la esperanza del amor que ansío,
sin la solidaridad del tuyo para darme consuelo.
Qué sería de mí, no lo sé, porque todo eso tengo
y más que no menciono pero es, y sin más aquí estoy, así, viviendo,
Gracias a la Vida.
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