GRACIAS, GRACIAS.
Los feligreses arrodillados
escucharon en el momento silencioso de la ceremonia
la voz parsimoniosa del oficiante:
gracias señor te damos por el momento que compartimos,
gracias señor por el día de hoy,
gracias señor por el trabajo del celador,
gracias señor por las señoras que embellecieron este lugar,
gracias señor por todas las personas que hicieron posible esta actividad.
gracias, gracias...
y a lo lejos
los ecos invisibles de radiantes colores
en movimiento armónico de alas
chocan sus voces en el salón grande de los fieles,
voces confundidas y trastocadas
y solo una nítida voz se escuchaba así:
Gracias señor por cambiar por siempre
los indolentes hombres que siembran en los jardines espinosos las infamias.
Luecamon
Los feligreses arrodillados
escucharon en el momento silencioso de la ceremonia
la voz parsimoniosa del oficiante:
gracias señor te damos por el momento que compartimos,
gracias señor por el día de hoy,
gracias señor por el trabajo del celador,
gracias señor por las señoras que embellecieron este lugar,
gracias señor por todas las personas que hicieron posible esta actividad.
gracias, gracias...
y a lo lejos
los ecos invisibles de radiantes colores
en movimiento armónico de alas
chocan sus voces en el salón grande de los fieles,
voces confundidas y trastocadas
y solo una nítida voz se escuchaba así:
Gracias señor por cambiar por siempre
los indolentes hombres que siembran en los jardines espinosos las infamias.
Luecamon