Miguel Font
Poeta que considera el portal su segunda casa
Llegó el día.
Los valores alterados en mi sangre
confluyeron en urgente ecografía abdominal.
La clínica, se me antoja hoy, algo siniestra.
Los pacientes entran y salen
ensimismados,
como zombis,
en silencio.
Solo el diarero de la puerta parece tener vida.
Diario, diario, chilla a voz en cuello
y su grito penetra y estalla en mis oídos.
Ingreso,
con mi esfínter a punto de rendirse
por aguantar las ganas de orinar.
El maldito litro de agua que el estudio demanda,
tanto expande mi vejiga, que parece va a romperse.
-Número cinco...llaman...
como manso corderito, me dirijo al matadero.
-Recuéstese...
Me pinta con un líquido viscoso y repugnante
y comienza entonces a explorar.
Mira el monitor...
Es raro, dice el médico,
póngase ahora de costado,
presiona un poco más.
Aprieto mis dientes,
mascullando apenas, por miedo a que me escuche:
-Uff condenado matasanos,
si sigues apretando, seguro que me meo.
Nuevamente mira la pantalla.
-Tenemos una lesión en el bazo que no puedo precisar.
Recorre mi cuerpo un profundo escalofrío,
que comienza a hacerse idea
y poco a poco va tornándose en susurro…
Cáncer,
claramente lo escucho en mi interior.
Suena el teléfono,
-Disculpe.
El doctor atiende…
-Si querida…Estupendo…Pero me gusta más con papas al horno y salsa bechamel…Yo también te amo…chau chau…
Regresa.
La voz ya retumba en mi estómago,
cáncer, cáncer, cáncer.
Grita la ansiedad,
grita la incertidumbre,
grita el miedo.
El doc me mira por encima de las gafas…
- No puedo aproximar un diagnóstico claro,
ordenaremos una tomografía computada.
Escribe la orden, me la da
y con un casi inaudible saludo me retiro.
Llegar al baño de hombres es ahora mi obsesión.
Está a solo treinta metros
pero a medida que doy un paso
el muy desgraciado parece alejarse dos.
Por fin,
Ahhhhhhhhhhhhhhhhhhhh…
Este maravilloso clímax debe ser, de todo lo que existe,
lo más parecido a la felicidad.
Pero el insoportable grito regresa devorando mis entrañas,
cáncer, cáncer...
Gritan los sueños por cumplir…
Gritan los abrazos postergados…
Abandono el nosocomio
con la fecha de vencimiento pegada a mi solapa.
En silencio,
ensimismado,
como un zombi,
oliendo a muerte,
La calle, me parece aún más sombría
y el diarero de la puerta continúa con su rollo,
-diario, se desgañita, diario, diario…
Me alejo rápidamente...
No soporto un puto grito más...
Los valores alterados en mi sangre
confluyeron en urgente ecografía abdominal.
La clínica, se me antoja hoy, algo siniestra.
Los pacientes entran y salen
ensimismados,
como zombis,
en silencio.
Solo el diarero de la puerta parece tener vida.
Diario, diario, chilla a voz en cuello
y su grito penetra y estalla en mis oídos.
Ingreso,
con mi esfínter a punto de rendirse
por aguantar las ganas de orinar.
El maldito litro de agua que el estudio demanda,
tanto expande mi vejiga, que parece va a romperse.
-Número cinco...llaman...
como manso corderito, me dirijo al matadero.
-Recuéstese...
Me pinta con un líquido viscoso y repugnante
y comienza entonces a explorar.
Mira el monitor...
Es raro, dice el médico,
póngase ahora de costado,
presiona un poco más.
Aprieto mis dientes,
mascullando apenas, por miedo a que me escuche:
-Uff condenado matasanos,
si sigues apretando, seguro que me meo.
Nuevamente mira la pantalla.
-Tenemos una lesión en el bazo que no puedo precisar.
Recorre mi cuerpo un profundo escalofrío,
que comienza a hacerse idea
y poco a poco va tornándose en susurro…
Cáncer,
claramente lo escucho en mi interior.
Suena el teléfono,
-Disculpe.
El doctor atiende…
-Si querida…Estupendo…Pero me gusta más con papas al horno y salsa bechamel…Yo también te amo…chau chau…
Regresa.
La voz ya retumba en mi estómago,
cáncer, cáncer, cáncer.
Grita la ansiedad,
grita la incertidumbre,
grita el miedo.
El doc me mira por encima de las gafas…
- No puedo aproximar un diagnóstico claro,
ordenaremos una tomografía computada.
Escribe la orden, me la da
y con un casi inaudible saludo me retiro.
Llegar al baño de hombres es ahora mi obsesión.
Está a solo treinta metros
pero a medida que doy un paso
el muy desgraciado parece alejarse dos.
Por fin,
Ahhhhhhhhhhhhhhhhhhhh…
Este maravilloso clímax debe ser, de todo lo que existe,
lo más parecido a la felicidad.
Pero el insoportable grito regresa devorando mis entrañas,
cáncer, cáncer...
Gritan los sueños por cumplir…
Gritan los abrazos postergados…
Abandono el nosocomio
con la fecha de vencimiento pegada a mi solapa.
En silencio,
ensimismado,
como un zombi,
oliendo a muerte,
La calle, me parece aún más sombría
y el diarero de la puerta continúa con su rollo,
-diario, se desgañita, diario, diario…
Me alejo rápidamente...
No soporto un puto grito más...
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