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Guagüeto

Tema en 'Prosa: Infantiles' comenzado por Cris Cam, 10 de Agosto de 2019. Respuestas: 4 | Visitas: 32

  1. Cris Cam

    Cris Cam Poeta que considera el portal su segunda casa

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    Guagüeto

    (A mi hijo Cristian, a Bjork y a toda Islandia que, por supuesto, no conozco)


    Estaba Guagüeto tirado sobre el césped del fondo, a la sombra del paraíso. Era un día precioso y aprovecho para hacerse una buena siesta; después de todo su persona lo había agasajado con el resto del asado y una buena morcilla; y la modorra hacia que baje las orejas y cierre los ojos.

    En eso desde la pared del fondo una alondra lo llama.

    - Psst psst. Con sonido de alondra, claro.

    Guagüeto en duermevela, sólo movió la oreja izquierda con un intento de espantarse una mosca con la cola.

    - Psst, psst. Insiste la pájara.

    Por fin, con un bostezo de león número 19, Guagüeto le dice:

    - ¿Qué hay?

    - ¿Cómo que hay?

    - Sí, ¿Qué hay?

    - ¿Usted es Guagüeto?

    - Sí, así me llama mi persona, más bien personita, Braulio se llama.

    - Ajá.

    - ¿Ajá qué?

    - ¿Usted piensa que yo hice más kilómetros que una migración de primavera para llegar hasta acá, para que usted diga “aja que”?

    - Bueno, está bien, disculpe señora viajadora, ¿Qué pasa?

    - Paso a explicarle. Resulta que tengo una prima que no es alondra sino gaviota que vive en Islandia, un lugar requetefresquito, que me cuenta que al cormorán alfa se le perdió la medalla de plata.

    - ¿Y usted vino hasta acá por una simple medalla de plata?

    - A no señor, esa no es una medalla cualquiera, ni una medalla olímpica tiene más valor en Islandia. Se la regaló la mismísima Björk por haber avisado que una ballena había encallado. Y no cualquier ballena, una ballena blanca, tataratataratatara nieta de Moby Dick y no sólo eso, luego le puso el cuerpo a un barco ballenero que quería arponearla. Por suerte, allí estaban Björk, Sting, Bono y Yoko Ono para evitarlo. ¿Los conoce?

    - Hum, sí, pero no se lo diga a Braulio, todavía está en la etapa de Trompita y Manuelita, va a salita de cuatro.

    - Bueno señor, resulta que, en uno de sus vuelos de reconocimiento, porque como Usted sabe, una medalla trae grandes responsabilidades, esta se le cayó al volcán Eyjafjallajökull, que ahora está calmo y su cráter ahora congelado. No sé si lo conoce.

    - Sí, lo ví en Nat geo, pero…Y yo, ¿Qué tengo que ver en todo esto?

    - Mire señor, le preguntamos a los cormoranes que les preguntaron a las gaviotas que les preguntaron a los delfines que les preguntaron a los pulpos que les preguntaron a las ballenas australes que les preguntaron a las ovejas del sur. Y en todos lados nos dieron la misma respuesta, que usted es el mejor buscador de todo el orbe, llamado por las personas planeta tierra.

    Guagüeto ufano ante semejante reconocimiento casi se rompe el cuello de tanto estirarlo,

    - Psé, eso dicen. Como esa ballena blanca yo desciendo de un perro alsaciano cuyo dueño fue el mismísimo Sherlock Holmes.

    - Faaa, mirá vos.

    - ¿Entonces?

    - ¿Cómo entonces? Que nos ayude a buscarla. No me va a decir que su personita no lo va dejar.

    Guagüeto lo pensó un rato y dejando un hueso sobre otro, al estilo pirata, que era la señal cada vez que salía de misión, acompañó a la alondra saliendo por entre las rejas de entrada.

    Caminaron, mejor dicho, él caminó, ella volaba de rama en rama. Hasta que llegaron a la estación de ferrocarril, se subieron a un tren de carga que los llevó hasta el puerto de Buenos Aires. Y allí, la alondra, que era una gran políglota de gorjeos, le señaló un barco que tenía una gran inscripción Iceland y su bandera azul cruzada por una cruz roja y blanca.

    Era un carguero que traía carbón y se llevaba cebollas y papas, porque dicen los islandeses que las papas argentinas son tan buenas como el carbón islandés, que justo estaba por zarpar.

    Guagüeto se apuró a subir por la larga explanada de madera y sin necesidad de esconderse, ya que los recibió un sonriente marinero Senegalés, que habiendo visitado a unos parientes en Buenos Aires, volvía a su trabajo. Y que sorpresa fue saber que el marinero hablaba castellano, más bien rioplatense para más datos, como le había enseñado su primo. De modo que, aunque ni alondra ni perro lo hablaran sí lo entendían, porque a diferencia de la plurilingüe alada, Guagüeto ni jota de islandés.

    Comenzado el viaje, Guagüeto notó que la convivencia entre marineros de variopintos lugares era alegre, lo cual aliviaba el trabajo. Porque en un barco no es sólo cargar y viajar.

    Pasaron unos días, quizá 7, y cuando estaban cruzando la línea del Ecuador, ¡zas!, una tormenta, que Guagüeto ya había sufrido en otras de sus misiones, pero esta se llevaba la palma. Por suerte el barco con tan formidable manga y eslora, se meneó de lo lindo, pero superó la tormenta luego de cuatro movidísimas horas.

    Llegaron a Reykjavík un sábado por la mañana, de modo que ni cortos ni perezosos pájara y perro, luego de saludar a su ahora amigo marinero que los tuvo bien cobijados y alimentados, bajaron por la larga explanada de madera.

    La distancia entre la capital y el volcán era, a ojo de buen cubero, de unos 200km, de modo que no habiendo ningún camión que fuera hacia el mismo, a Guagüeto se le ocurrió usar el mismo medio de transporte de Walter Mitty, una patineta. Pero como el camino en una parte se hizo de subida y no avanzaba fueron divisados por un tal Nigel, un pelícano australiano con aire vanidoso, por haber trabajado, según dijo, en Buscando a Nemo, cosa que Guagüeto no cree salvo que los pelicanos vivan tantos años. Pues bien, la gran ave con alma de socorrista le tiró una cuerda y llegaron volando, mejor dicho, alondra y pelícano, que a Guagüeto sobre la patineta las orejas le flameaban y parecía que se le saldrían. La cosa que llegaron en un periquete.

    Pues bien, allí estaban todos, gaviotas, osos, renos, lobos, cormoranes, etc. tantos que Guagüeto no había visto tantos ni siquiera en Nat Geo.

    Pero lo que vino a verlo lo hizo caer de cola, la mismísima Bjork, que nada que ver con eso de que no veía una vaca dentro de un baño como en Bailando en la oscuridad, acompañada por Isadora.

    El problema era que como el volcán era tan escarpado era difícil llegar hasta donde se suponía había caído la medalla, lugar aproximado ya que entre la altura el viento y una fumarola pudo haber sido arrastrada lejos. De todos modos, Plaft, el cormorán, dice que cayó dentro del cráter de unos 4km de diámetro.

    La pregunta obligada fue

    - ¿Y cuál es el diámetro de la medalla?

    - Cuatro centímetros. Le dijeron

    Guagüeto comenzó a gruñir que en lenguaje de persona sería un

    - ¡Ah, bueno!… ¡ah, bueno!”

    Para colmo no podía usar su finísimo olfato, no tanto porque la medalla fuera de plata sino por el olor a azufre que despedía la fumarola.

    Pero se le ocurrió una solución, pasearse por la superficie del lago congelado, con la misma patineta en que había llegado y con la misma ayuda. El vanidoso australiano, que Guagüeto se guardó la pregunta, ¿Qué hacía un australiano en Islandia? Cosa que le mismo Nigel le respondíó.

    - Si Marlin pudo recorrer todo un arrecife en busca de su hijo, él lo hizo siguiendo a una pelícana paseandera.

    La idea era simple, era mediodía y primavera, y si bien los rayos del sol en esa latitud no caen a plomo, es decir como desde el techo, igual esperaba distinguir el brillo metálico de la medalla que, según le habían dicho, no era labrada sino por su nombre; moviéndose en espiral desde el centro hacia las paredes del cráter. Así, mientras todo el mundo miraba desde los bordes escarpados del cráter, las aves con su vuelo, las personas con máscaras de oxígeno debido a la altura casi dos kilómetros, comenzaron el periplo espiral dejando unos 10 metros entre línea y línea, o sea la distancia entre punta de ala y ala de Nigel y los cuatro compañeros que lo secundaban, entre vuelta y vuelta lo cual, las personas que miraban con calculadora en mano decían que serían unas 20 vueltas que se hacían cada vez más largas a medida que se alejaban del centro.

    La cuestión fue que, luego de la última vuelta, y a pesar de los 6 pares de ojos, de la medalla ni noticia. Tanto que Nigel que era quien tiraba de la patineta, y por lo tanto el más cansado, estiró sus alas hacia atrás como forma de desperezarse, tocando la rígida pared del cráter y quedándosele enganchada el ala derecha en una rama de alerce que afloraba como árbol loco de la misma pared. Tiró para destrabarse y se escuchó un sonido raro que no era a rama ni pluma. Y como, por lejos el que mejor oído tenia era Guagüeto lo identificó de inmediato. Metálico. Así que pegó un ladrido que traducido a persona era “¡quietos nadie se mueva!” Luego de esas dos horas las sombras habían avanzado bastante, así que si era la medalla o cualquier cosa metálica había que buscarla al tanteo. Pero como algunos saben, los ojos de los cormoranes no sólo distinguen las líneas magnéticas terrestres sino sus alteraciones por los metales, de manera que Plaft, tomó altura y se dejó llevar por el instinto y aterrizó a unos pocos metros de allí, donde había caído el objeto. Pero no dijo nada. Le chistaron tres veces y tampoco. Así que Guagüeto fue hasta donde estaba. Y no era que no hablara, sino que lloraba de emoción. La había encontrado. Unas personas al darse cuenta de la algarabía que se expresaba en ladridos y graznidos, comenzaron a arrojar bengalas para iluminar la escena.

    Ahora todos a comer, unos sobrevolando un barco pesquero que regresaba de su tarea diaria, otros con una ración de carne, a sabiendas de que uno era de la Pampa, que para un islandés común, decir Buenos Aires, Pampa, Patagonia o el Amazonas era lo mismo.

    Luego a dormir, cada uno en su nido, madriguera, a falta de su lejana cucha, para Guagüeto la casa de una persona.

    Por la mañana la sorpresa fue mayúscula, Guagüeto no volvería en barco sino en un avión de Greenpeace, gratis por supuesto.

    El regreso fue con la misma compañía que la ida, la alondra que lo dejó en la puerta de su casa.

    Había faltado sólo 15 días y la mamá de Braulio, que no sabía dónde había podido estar, lo recibió con un plato fideos con tuco y en la sala vieron un documental de Islandia.
     
    #1
    Última modificación: 10 de Agosto de 2019
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  2. lomafresquita

    lomafresquita Poeta que no puede vivir sin el portal

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    Ay Cris qué relato tan bello y entretenido has creado para tu hijo, él seguro apreciará a través de su contenido la importancia que adquiere el trabajo en equipo, el poner la confianza y el respeto hacia las ideas de los demás, el contribuir cada uno con su granito de arena para salvar al mundo de sus desastres ecológicos que provocamos los que nos llamamos personas, del respeto a nuestras mascotas, Braulio podía sentirse orgulloso de su perrito Guagüeto...ayyyyy qué bien me lo he pasado, y es que a mí me molan estas historias con personajes de ahora más que a las niñas y niños jejeje...mil besos silenciosos...sssssmuáááassssss....
     
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  3. Cris Cam

    Cris Cam Poeta que considera el portal su segunda casa

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    No sabía si reirme o emocionarme por tu respuesta. Básicamente era el cuento que cambiando lugar y circunstancias, le contaba a mi hijo todas las noches, pero eso fue hace 25 años, ya que ahora que l0 posteé en Facebook ni lo leyó. El tiempo pasa nos vamos poniendo viejos y el amor no lo reflejo como ayer. Bué, no sé como ponerle corcheas para enmarcarlo.
     
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  4. lomafresquita

    lomafresquita Poeta que no puede vivir sin el portal

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    El tiempo no dejará de pasar por todas partes pero nunca deja su huella citrina en un corazón joven amigo Cris, mil besazos insonorizados para tu querido hijo y para ti...ssssmuáááasssss...................
     
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  5. Cris Cam

    Cris Cam Poeta que considera el portal su segunda casa

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    Gracias, de corazón.
     
    #5

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