Sofia Castelluccio
Poeta recién llegado
En la divinidad de lo inexorable, del destino, del camino señalado, y del futuro, se oculta la realidad mutando para caer del árbol de manzanas, en forma humana.
El pecado duerme en lo más alto de la montaña, al sur, en la misma dirección en la que se arrastran las serpientes. Pero, el murmullo de los Dioses va a irrumpir en lo ordinario de nuestra existencia remota.
Generaciones y generaciones de sociedades, en proceso de desarrollo, algunas almas nacen hoy como nuevas, pero otras nacen con espíritu viejo, como se conoce comúnmente: una reencarnación.
Me paso más tiempo que cualquier otro ser humano cuestionando mi existencia, mi mente. Llegué a la conclusión de que todos tenemos un pedazo de historia relevante sobre este mundo, pero no todos quieren navegar en su interior.
Desde el principio de la creación, hasta el Final atemorizado que quiere darnos muerte a la raza humana, pero que se aleja cada vez más por nuestra inseguridad, el hecho de que tengamos un pie en la vida y el otro en el abismo, entorpece el ciclo natural de la vida. La que el creador nos otorgó, pero que nos advirtió, seríamos viajeros: una etapa en este mundo, otra etapa en aquel.
¿Quiénes somos para desafiar lo que Él manda?.
Conozco mi roll en esta vida, sin embargo desconozco que hago en este mundo.
Mis costumbres y mi cultura no proceden de mi familia, ni son copiadas de diferentes personas. Al parecer todo lo que soy y mi capacidad de auto-realización tienen una raíz más vieja, definitivamente desde que nací traía conmigo una historia, un mundo innovador.
Debido a mi respeto por mi propia divinidad secundaria, no me atrevo a remover la tierra vieja debajo de mis pies para incorporarme al ritmo acelerado y sin sentido de las demás personas.
La sociedad solo existe para mí cuando tengo que salir a realizar mis quehaceres.
¿Qué busco?, el equilibro constante.
Estoy bien con Dios, pero debo conocer las artimañas del otro, y es por eso que detesto las iglesias. Son sinónimo de confrontación con Dios, una disconformidad terrible, y un desafío absurdo.
Muchas personas buscan pertenecer a una religión, que con el tiempo este término fue sinónimo de encierro y dogmas estrictos. Pero religión para mi es seguimiento despistado a lo misterioso, que cuando llega a su fin, nos encontramos a nosotros mismos, solos, hambrientos, temerosos.
Dios dejo una parte suya dentro nuestro, entonces, ¿por qué buscamos de Él a millones de kilómetros lejos de nuestro ser?, cuando en realidad, lo que deberíamos hacer es explorarnos y realizarnos miles de preguntas en silencio, que una voz dulce y suave se tomará la molestia de contestarnos.
No digo que mis palabras sean la verdad absoluta, porque la verdad es flexible y moldeable, salvo por la realidad que es una sola y es rígida. Pero lo que me atrevo a confesar, son dictados de mi corazón, latidos de mi respiración que hacen pausa de vez en cuando.
Recordar que no somos más grandes que Dios, pero que cuando hablamos con Él, quiere que nos pongamos a su altura. Para charlar más cómodos, sabes.
Que nuestros principios se mantengan firmes, que nuestra personalidad no sea filtrada ni deformada, ahora y siempre.
Amén.
El pecado duerme en lo más alto de la montaña, al sur, en la misma dirección en la que se arrastran las serpientes. Pero, el murmullo de los Dioses va a irrumpir en lo ordinario de nuestra existencia remota.
Generaciones y generaciones de sociedades, en proceso de desarrollo, algunas almas nacen hoy como nuevas, pero otras nacen con espíritu viejo, como se conoce comúnmente: una reencarnación.
Me paso más tiempo que cualquier otro ser humano cuestionando mi existencia, mi mente. Llegué a la conclusión de que todos tenemos un pedazo de historia relevante sobre este mundo, pero no todos quieren navegar en su interior.
Desde el principio de la creación, hasta el Final atemorizado que quiere darnos muerte a la raza humana, pero que se aleja cada vez más por nuestra inseguridad, el hecho de que tengamos un pie en la vida y el otro en el abismo, entorpece el ciclo natural de la vida. La que el creador nos otorgó, pero que nos advirtió, seríamos viajeros: una etapa en este mundo, otra etapa en aquel.
¿Quiénes somos para desafiar lo que Él manda?.
Conozco mi roll en esta vida, sin embargo desconozco que hago en este mundo.
Mis costumbres y mi cultura no proceden de mi familia, ni son copiadas de diferentes personas. Al parecer todo lo que soy y mi capacidad de auto-realización tienen una raíz más vieja, definitivamente desde que nací traía conmigo una historia, un mundo innovador.
Debido a mi respeto por mi propia divinidad secundaria, no me atrevo a remover la tierra vieja debajo de mis pies para incorporarme al ritmo acelerado y sin sentido de las demás personas.
La sociedad solo existe para mí cuando tengo que salir a realizar mis quehaceres.
¿Qué busco?, el equilibro constante.
Estoy bien con Dios, pero debo conocer las artimañas del otro, y es por eso que detesto las iglesias. Son sinónimo de confrontación con Dios, una disconformidad terrible, y un desafío absurdo.
Muchas personas buscan pertenecer a una religión, que con el tiempo este término fue sinónimo de encierro y dogmas estrictos. Pero religión para mi es seguimiento despistado a lo misterioso, que cuando llega a su fin, nos encontramos a nosotros mismos, solos, hambrientos, temerosos.
Dios dejo una parte suya dentro nuestro, entonces, ¿por qué buscamos de Él a millones de kilómetros lejos de nuestro ser?, cuando en realidad, lo que deberíamos hacer es explorarnos y realizarnos miles de preguntas en silencio, que una voz dulce y suave se tomará la molestia de contestarnos.
No digo que mis palabras sean la verdad absoluta, porque la verdad es flexible y moldeable, salvo por la realidad que es una sola y es rígida. Pero lo que me atrevo a confesar, son dictados de mi corazón, latidos de mi respiración que hacen pausa de vez en cuando.
Recordar que no somos más grandes que Dios, pero que cuando hablamos con Él, quiere que nos pongamos a su altura. Para charlar más cómodos, sabes.
Que nuestros principios se mantengan firmes, que nuestra personalidad no sea filtrada ni deformada, ahora y siempre.
Amén.
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