frank_calle
Poeta que considera el portal su segunda casa
Sobre el poema
Durante la vida, he dedicado a Silvio Rodríguez varios poemas, aunque supongo que él no lo sepa; y seguramente no recuerda ni de mi existencia, pues no conversamos hace casi 50 años. Probablemente este sea el primero de esos poemas.
GUITARRA AÑEJA
(Cincuenta años después)
A Silvio, y a su guitarra,
que alguna vez toqué con mis manos.
Y qué decir, amigo camarada,
qué decir viejo compañero de las cuerdas,
del silencio de los que oyen,
de la ceguera de los que ven,
de la ignorancia de los que saben.
Y qué decir, amigo de las calles sin fronteras,
de qué sirve ver y oír
si la tierra es redonda
y todos lo saben,
y nadie lo sabe.
Ver y oír es todo, o es nada,
(solo silencio, ceguera, ignorancia)
si acaso ni siquiera somos lo que fuimos,
si apenas comprendemos
que fuimos y no somos.
Por eso,
ver y oír es mucho o poco
si mucho o poco somos capaces de hacer
con seis cuerdas
y la llama candente que brota
tras la música de una guitarra añeja.
Frank Calle (23 / dic / 1968)
Durante la vida, he dedicado a Silvio Rodríguez varios poemas, aunque supongo que él no lo sepa; y seguramente no recuerda ni de mi existencia, pues no conversamos hace casi 50 años. Probablemente este sea el primero de esos poemas.
GUITARRA AÑEJA
(Cincuenta años después)
A Silvio, y a su guitarra,
que alguna vez toqué con mis manos.
Y qué decir, amigo camarada,
qué decir viejo compañero de las cuerdas,
del silencio de los que oyen,
de la ceguera de los que ven,
de la ignorancia de los que saben.
Y qué decir, amigo de las calles sin fronteras,
de qué sirve ver y oír
si la tierra es redonda
y todos lo saben,
y nadie lo sabe.
Ver y oír es todo, o es nada,
(solo silencio, ceguera, ignorancia)
si acaso ni siquiera somos lo que fuimos,
si apenas comprendemos
que fuimos y no somos.
Por eso,
ver y oír es mucho o poco
si mucho o poco somos capaces de hacer
con seis cuerdas
y la llama candente que brota
tras la música de una guitarra añeja.
Frank Calle (23 / dic / 1968)