ricardo felipe
Poeta recién llegado
¡Llegó mi hijo!
Vuelve la luz a mi hogar,
mi camino en trance ha dado un giro rotundo,
llegaron los buenos tiempos,
mi soledad baila con la nostalgia
y bebo un sorbo de tequila con el destino.
Ha llegado mi hijo,
mochila en la espalda y más viejo,
pero sonriente como cada viernes,
llegó mi hijo después de años de oscuridad en mi corazón,
y mis lágrimas bailan al son de la emoción.
Quedan rezagados los días tristes
y una que otra carta descolorida que yo leía de forma repetida,
la multiplicación de la esperanza ha llegado a su tope,
mientras llegan todos a saludarle esta noche.
¡Llegó mi hijo!
Traigan las guitarras, el charango y la zampoña,
que quiero escuchar canciones que me emocionan,
fueron tantos años sin besar su rostro,
que a mí se me fue la vida de a pocos,
ha llegado mi hijo a casa,
también ha llegado la esperanza y la risa,
con un toque de infancia me pide que le abrace,
mientras por dentro de mí, todo renace.
Llegó mi hijo,
pero en diez días se va…
Ricardo Felipe
Bardo
Vuelve la luz a mi hogar,
mi camino en trance ha dado un giro rotundo,
llegaron los buenos tiempos,
mi soledad baila con la nostalgia
y bebo un sorbo de tequila con el destino.
Ha llegado mi hijo,
mochila en la espalda y más viejo,
pero sonriente como cada viernes,
llegó mi hijo después de años de oscuridad en mi corazón,
y mis lágrimas bailan al son de la emoción.
Quedan rezagados los días tristes
y una que otra carta descolorida que yo leía de forma repetida,
la multiplicación de la esperanza ha llegado a su tope,
mientras llegan todos a saludarle esta noche.
¡Llegó mi hijo!
Traigan las guitarras, el charango y la zampoña,
que quiero escuchar canciones que me emocionan,
fueron tantos años sin besar su rostro,
que a mí se me fue la vida de a pocos,
ha llegado mi hijo a casa,
también ha llegado la esperanza y la risa,
con un toque de infancia me pide que le abrace,
mientras por dentro de mí, todo renace.
Llegó mi hijo,
pero en diez días se va…
Ricardo Felipe
Bardo