Gloria Maria Granero
Poeta adicto al portal
Al placer le han mordido las esquinas
extasiadas golondrinas, concentradas en su vuelo.
Muerto en llantos y en abismos ha vencido,
sucumbido en el olvido, derrotado por los picos.
No siente el frio escalofrío del aliento mañanero,
solamente siente el cielo en la penumbra.
¡Menos que la nada el sol le alumbra...!
derrotado ya no grita en los silencios.
¡Ha muerto, señoría, sin más cuento que estos versos!
¿Sientes su gemido maniatado, indeleblemente acurrucado, entre los falsos amantes?
¿Sientes su alarido en la noche oscura, cuando su ser coagula, al sonido de las risas?
¿Sientes sus restos maltrechos, antes bravíos y apuestos, vencer ante tanto abismo?
Ha muerto el placer complaciente… amante, amigo y paciente de todos los corazones.
Ha muerto solo y sentido… muerto queda su alarido… ¡muerta su esencia ha quedado!
Ha muerto desconsolado… ¡Señoría le han matado!
Sin merecer esta muerte, muerto ahora se nos haya,
y solo queda la metralla de un sentimiento grandioso.
Que llenaba los albores, y las cuencas de los ojos…
que escondía tras su estampa el más incesante gozo.
extasiadas golondrinas, concentradas en su vuelo.
Muerto en llantos y en abismos ha vencido,
sucumbido en el olvido, derrotado por los picos.
No siente el frio escalofrío del aliento mañanero,
solamente siente el cielo en la penumbra.
¡Menos que la nada el sol le alumbra...!
derrotado ya no grita en los silencios.
¡Ha muerto, señoría, sin más cuento que estos versos!
¿Sientes su gemido maniatado, indeleblemente acurrucado, entre los falsos amantes?
¿Sientes su alarido en la noche oscura, cuando su ser coagula, al sonido de las risas?
¿Sientes sus restos maltrechos, antes bravíos y apuestos, vencer ante tanto abismo?
Ha muerto el placer complaciente… amante, amigo y paciente de todos los corazones.
Ha muerto solo y sentido… muerto queda su alarido… ¡muerta su esencia ha quedado!
Ha muerto desconsolado… ¡Señoría le han matado!
Sin merecer esta muerte, muerto ahora se nos haya,
y solo queda la metralla de un sentimiento grandioso.
Que llenaba los albores, y las cuencas de los ojos…
que escondía tras su estampa el más incesante gozo.