No hay salida. No hay forma de salir ileso o que aquello no dejase heridas permanentes. Permanentes, pero invisibles porque aquellas heridas son de las que no marcan la carne, que no lastiman la piel pero que sin embargo generan tanto dolor como cualquier otra. Y como cualquier otra, debe haber una cura. Después de todo, ¿cómo podría no haber una cura para semejante dolor?
No hay lágrimas. Se detienen justo antes de salir. Se detienen, al igual que se detiene el tiempo, porque el tiempo se hace eterno. Se hace eterno pero pasa tan rápido… tan rápido que te lo pierdes todo. Y la vez no has perdido nada, porque ya nada importa. Sin embargo, todo es mentira. Es mentira porque miras el reloj y el reloj no se inmuta. De hecho, se mueve con total normalidad. Una normalidad casi ofensiva. Después de todo, ¿cómo podría no detenerse todo tras semejante tragedia?
No hay cambios. Se derrumba un mundo, pero el mundo sigue. Todo está en silencio, pero aún oyes. Todo está borroso, pero aún ves. Todo está en blanco, pero aún piensas. Piensas, pero no olvidas. Piensas en aquello que no puedes olvidar, y olvidas como era pensar en algo más. Pero el tiempo sigue, el mundo sigue. Tú sigues. Después de todo, ¿cómo podría no dejarse atrás semejante sufrimiento?
No hay amor. No hay amor porque ha muerto el corazón. Hay dolor. Hay tragedia. Hay sufrimiento. Ha muerto un corazón, pero no por completo. No para siempre. Él solo espera… espera, porque sabe que existe una cura, que existe un después, que existe un nuevo comienzo. Lo sabe el corazón. Sabe que un nuevo amor le aguarda. Después de todo, ¿cómo podría el amor morir para siempre?
No hay lágrimas. Se detienen justo antes de salir. Se detienen, al igual que se detiene el tiempo, porque el tiempo se hace eterno. Se hace eterno pero pasa tan rápido… tan rápido que te lo pierdes todo. Y la vez no has perdido nada, porque ya nada importa. Sin embargo, todo es mentira. Es mentira porque miras el reloj y el reloj no se inmuta. De hecho, se mueve con total normalidad. Una normalidad casi ofensiva. Después de todo, ¿cómo podría no detenerse todo tras semejante tragedia?
No hay cambios. Se derrumba un mundo, pero el mundo sigue. Todo está en silencio, pero aún oyes. Todo está borroso, pero aún ves. Todo está en blanco, pero aún piensas. Piensas, pero no olvidas. Piensas en aquello que no puedes olvidar, y olvidas como era pensar en algo más. Pero el tiempo sigue, el mundo sigue. Tú sigues. Después de todo, ¿cómo podría no dejarse atrás semejante sufrimiento?
No hay amor. No hay amor porque ha muerto el corazón. Hay dolor. Hay tragedia. Hay sufrimiento. Ha muerto un corazón, pero no por completo. No para siempre. Él solo espera… espera, porque sabe que existe una cura, que existe un después, que existe un nuevo comienzo. Lo sabe el corazón. Sabe que un nuevo amor le aguarda. Después de todo, ¿cómo podría el amor morir para siempre?