joanmoypra
Poeta que considera el portal su segunda casa
¡HABIA UN LUGAR!
Había en un lugar un monasterio
donde frailes cartujos convivían,
ejerciendo su sagrado magisterio
que era lo más sagrado que tenían.
Cierto día ante al Abad se presentó
un mozalbete para ingresar si él podía,
a lo que el buen abad le contestó
sobre las normas que allí había:
- El silencio, es la regla principal
y solo cada diez años se permite,
decir dos palabras nada más
y volver a meditar sin estar triste.
El mozalbete acepta ilusionado
las normas que este abad impone,
más, mira la libertad de lado a lado
y sin dudar un hábito se pone.
Pasan diez años y el abad le cita;
- Tienes derecho a decir tus dos palabras
al fraile invita:
- Poca Comida,
- el hombre explica
Otros diez años pasaron,
más cumplidos ya los veinte
del Abad que dirige el ente,
estas palabras de nuevo sonaron:
- Hoy se cumplen tus veinte años de fraile,
y tienes derecho,
a decir tus dos palabras de provecho:
- Cama Dura,
- explica el fraile, y es un hecho.
Diez años más han transcurridos
y el Abad solicita las palabras de rigor,
por el decenio que ha servido:
- ¡Me voy¡
- le dice aquel hombre para nada compungido.
A lo que responde el Abad muy sorprendido:
- Ah! pillín, esto ya lo veía yo venir,
¡¡desde que llegaste por aquí,
no has hecho más que protestar,
hasta conseguir al fin salir!!
Para esta situación fácil es la moraleja:
comprometerse sin meditar,
es igual que protestar
cuando lo prometido nos aqueja
Joanmoypra/diciembre/2012
http://sancholanza.blogspot.com.es/
Había en un lugar un monasterio
donde frailes cartujos convivían,
ejerciendo su sagrado magisterio
que era lo más sagrado que tenían.
Cierto día ante al Abad se presentó
un mozalbete para ingresar si él podía,
a lo que el buen abad le contestó
sobre las normas que allí había:
- El silencio, es la regla principal
y solo cada diez años se permite,
decir dos palabras nada más
y volver a meditar sin estar triste.
El mozalbete acepta ilusionado
las normas que este abad impone,
más, mira la libertad de lado a lado
y sin dudar un hábito se pone.
Pasan diez años y el abad le cita;
- Tienes derecho a decir tus dos palabras
al fraile invita:
- Poca Comida,
- el hombre explica
Otros diez años pasaron,
más cumplidos ya los veinte
del Abad que dirige el ente,
estas palabras de nuevo sonaron:
- Hoy se cumplen tus veinte años de fraile,
y tienes derecho,
a decir tus dos palabras de provecho:
- Cama Dura,
- explica el fraile, y es un hecho.
Diez años más han transcurridos
y el Abad solicita las palabras de rigor,
por el decenio que ha servido:
- ¡Me voy¡
- le dice aquel hombre para nada compungido.
A lo que responde el Abad muy sorprendido:
- Ah! pillín, esto ya lo veía yo venir,
¡¡desde que llegaste por aquí,
no has hecho más que protestar,
hasta conseguir al fin salir!!
Para esta situación fácil es la moraleja:
comprometerse sin meditar,
es igual que protestar
cuando lo prometido nos aqueja
Joanmoypra/diciembre/2012
http://sancholanza.blogspot.com.es/