Habitación iluminada

Kein Williams

Poeta fiel al portal
Otro día más sin verte,
y sin embargo te escucho.
Estás metido en mi mente,
en la sonrisa naciente
que saldrá de mi boca
formando aquella elipse
parecida a la tuya.

Una sonrisa arqueada
tan sincera como pocas.
Más de cien días en encierro
y con tu recuerdo latente,
tu habitación iluminada,
con el interruptor en huelga.

Allí tendida la cama
donde alguna vez dormiste,
donde nunca pensé no verte,
donde suelo imaginarte.

Si alguien apaga la luz,
de pronto vuelve a encenderla,
como señal de que estás
aunque no estés presente,
al menos no fisicamente
como más quisiéramos.
Tu aroma nos recuerda
que tú nunca te has ido.

Las sábanas con tu esencia
reliquias que mantenemos,
cual sábana de Turín,
vestigio de tu existencia.
Me paro frente a la puerta
y de pronto acaricio el marco.
Como queriendo tomar tu mano
que alguna vez allí posaste.

La luz es tu presencia
por eso no se apaga.
La cuenta es más extensa
pero eso poco importa.

Suelo escuchar tu voz,
que suele recordarme
que hay vida más allá,
del plano físico humano.

No son cosas espectrales,
ni se me zafó un tornillo.
Tu voz está en mis oídos,
pues la guardo en el corazón.

Aunque no lo demuestro
siento mucho tu ausencia.
Me siento en la cama,
y de pronto-- lloro.
Y aún con compañía
me siento muy solo.

Y cual máquina del tiempo,
regreso a nuestros momentos.
Cuando me compraste un helado,
o cuando era tu cumpleaños.
Cuando te amarré los zapatos,
en tu partida hacia el cielo,
y lloro por todos esos abrazos,
que no pude entregarte.

Por todos esos te quiero
que no pude regalarte.
Por no pedirte perdón
cuando dije algo hiriente,
por hacerte sentir mal,
por ser un hijo ausente.

Por tener carácter fuerte
y hacer notar tus defectos,
ya han pasado cuatro meses
y no concibo que hayas muerto.

Y miro la luz encendida
como tea que nunca se apaga,
como señal de que sigues con vida
en ese cuarto donde no hay nada.

Me piden que me resigne,
como si uno dominara el dolor,
aquellos que ven novelas o series
y lloran por muertes actuadas,
no entienden que la herida
aún no está cerrada.

Y pido estar solo,
aún cuando necesito a alguien.
Son los cambios de humor
los que gobiernan la escena.
Como si fueran los verdugos
culpo a todos por mi perdida,
cuando ellos también han perdido
siendo que compartimos sangre.

El pasillo es el patíbulo
por el que paso todos los días.
Mirando siempre esa luz
bailando como luciérnaga.
En mi vista atiborrada
de estampas de lo vivido,
cual caleidoscopio ocular,
dibujándote en recuerdos
en las paredes y almohadas.

Pienso cómo arreglarlo
y son solo elucubraciones,
cual corona de espinas
esto punza en mi cabeza.
Pongo una silla frente a tu puerta
contemplando aquel gran vacío.
Me imagino en un viaje astral
y de pronto estoy detrás mío.

Contemplándome a mí mismo
viendo tan solo mi espalda
y de pronto siento tu mano
apretada sobre mi hombro.

¿Volveremos un día a vernos?
En mis adentros, siento que sí.

Apago la luz de mi habitación,
dejo la puerta entreabierta,
para ver el pasillo iluminado,
hasta cerrar mis ojos.
 
Hermosos versos lleno de melancolía. Que bien has descrito el perder un ser amado. Te dejo mi admiración por tan profunda composición y una galaxia de estrellitas en tu habitación iluminada.
Para ti un abrazo fraterno.
 
Ya no te sientas mal, los padres perdonamos a los hijos porque el amor que llevamos dentro sobrepasa todas las fronteras.
Ya está descansando y no está sufriendo. Pero necesita para descansar en paz, que estés tranquilo y recuerdes las cosas hermosa que compartieron. Precioso escrito lleno de dolor.Lo siento mucho. Te mando un abrazo grande, Kein.
 

MundoPoesía se mantiene gracias a la publicidad y al apoyo (opcional) de nuestra comunidad.

♥ Hacer una donación
Atrás
Arriba