Llegué a una playa solitaria, ya me había visto antes.
Caía el cielo sobre los jardines de sal.
Caían las alas imitando el oro en los relieves.
Caía la brisa entumecida de la soledad.
Sobre mi vida se caían, una a una, las distancias,
y es como no estar pero sí y negarlo sobre las olas.
Ayer quise abrir los ojos y salir de la historia.
Te contaba a vos que vas en la dura manía de lo incierto
y me arrebató el momento un soplo de arena en la cara
como una mano de tiempo que escribía
en el corazón su púrpura estela de cariño que florece
pero que no es mía. Todo fue prestado
mucho antes, éste traje de fiesta
fue colgado en mis ojos y diseñado velozmente
y se disuelve en cada tramo de anunciada noche
como se guarda el mar su amor profundo.
Yo quiero amar como aman los náufragos.
Dar la vida, dejar mi tumba abierta para siempre.
Saber lo que he dejado.